
| 11.06.2005 |
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![]() No es fácil ser aficionado al fútbol. Ser jugador, hacer parte de una selección nacional, ser un ídolo, también es cosa complicada. Ambos, aficionado y jugador tienen sus momentos de alegría, pero para ello deben contar con ratos amargos, tomemos el ejemplo de lo que sucedió ayer en Dusseldorf y en Hennef para entenderlo mejor. La selección de Argentina ya se encuentra en Alemania para atender los compromisos de la Copa Confederaciones, fue la primera en llegar. Su avión aterrizó en el aeropuerto de Dusseldorf con casi 3 horas de retraso, en Madrid los futbolistas tuvieron que matar el tiempo haciendo nada, esperando. Cuando por fin el avión tocó suelo alemán, en la pista misma del aeropuerto, al final de la escalera de descenso, la prensa. Cientos de preguntas que al final eran la misma “¿viene Argentina a ganar o a prepararse para el 2006?”, y en los rostros del equipo se notaba esa expresión de “¡¿Dios mío, cuándo, cuándo, cuándo, pero cuándo voy a descansar?!” Después montarse en un bus muy cómodo que de todas formas tuvo que enfrentarse durante unos 70 kilómetros, una hora más, al tráfico de las autopistas alemanas, con un par de embotellamientos casi eternos, antes de llegar a su destino final, la escuela deportiva de Hennef. Allí, a las 9 de la noche, otra historia. La de los niños alemanes que durante todo el día habían preparado sus camisetas, afiches y bolígrafos para obtener un autógrafo de Crespo, o de Saviola. Desde las 5 de la tarde esperaban en la puerta de la Escuela Deportiva. Los jóvenes aficionados ya se habían dado por vencidos, en sus bicicletas regresaban a sus casas cuando vieron pasar el bus con sus ídolos, con los futbolistas que sólo conocen por televisión y hoy esperaban ver, tocar, conocer en persona. Emocionados deshicieron su camino, de nuevo rumbo a la Escuela Deportiva, en vano. La caravana fue más rápida que sus emocionados pedalazos, cuando llegaron los futbolistas ya habían descendido del bus, no pillaron a ninguno de ellos, ni siquiera desde la distancia alcanzaron a verlos, la tristeza y frustración de estos jóvenes aficionados eran evidentes. Pero así como es el fútbol, las caras largas dieron paso a una sonrisa de esperanza. “Ellos entrenan mañana a las 11, mañana los vemos”. Yo no, yo me voy a Francfort a recibir a Brasil y a México. |
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