
| 29.11.2010 |
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| Análisis van, análisis vienen; todos buscan una respuesta a la pregunta ¿qué pasa con los grandes clubes alemanes? Mientras el Dortmund y el Mainz siguen cabalgando en el presente campeonato, los equipos tradicionalmente dueños de las posiciones de vanguardia vienen cojeando, algunos, literalmente, arrastrándose. Yo me vinculo a la discusión y les ofrezco una explicación desde otra perspectiva a la debacle de los que venían siendo “amos y señores” de la Bundesliga. En las últimas 5 temporadas los representantes alemanes en la máxima competencia internacional de clubes, la Champions League, se pueden contar (casi) con una sola mano: Bayern, Schalke, Bremen, Stuttgart, Wolfsburgo y Hamburgo. El Bayern es hoy 5° a 14 puntos del líder; Hamburgo 7°; Bremen 11°; Wolfsburgo 13°; Schalke 15° y Stuttgart en una posición de descenso, la 17ª. Exceptuemos al Bayern, que con su larga historia de dominancia de la Bundesliga ha conseguido convertirse en un maestro del arte del equilibrio entre las competencias locales y las internacionales, especialmente soportado por su solidez financiera que le permite invertir en jugadores de gran nivel, tener una amplia plantilla y afrontar con relativa tranquilidad sus compromisos. Veamos entonces al Bremen, que en sus mejores años (2005 al 2008) se clasificó para la Champions en tres ocasiones consecutivas, eso pese a que tampoco es que haya llegado muy lejos, pero de todas formas inscribió su nombre como uno de los clientes habituales del gran escenario del fútbol europeo, donde (con más pena que gloria) está (estuvo) esta temporada. Luego viene el Schalke, con tres apariciones en cuatro años, en este con todo a favor para cerrar de primero la primera ronda, y una plantilla actual llena de cotizadas estrellas hambrientas de resplandecer en Europa (Raul, Huntelaar, Jurado) pero inconcientes de que el negocio diario se efectua semana a semana en estadios como el del Kaiserslautern, que no es el Lyon, y por lo tanto no parece motivar a aquellos que en sus carreras tienen –al parecer- metas más altas que simplemente derrotar a un equipo recién llegado a la primera división de Alemania. Y el Stuttgart, en en el 2007 sorprendió saliendo campeón alemán y en el 2009 quedando entre los 3 primeros repitió la experiencia para ellos singular de ser parte de la Champions League, que desde su perspectiva demandaba hacer inversiones de gran calibre, por ejemplo comprar en el 2006 al delantero rumano Marica por 8 millones, un gasto que aún no produce dividendos, o reencauchar al portero Jens Lehmann a quien le pagaban un sueldo tan elevado que éste se permitía el lujo de viajar a los entrenamientos en helicóptero desde su residencia en las afueras de Múnich a más de 200 kilómetros de la sede de su empleador, o al bieloruso Hleb, cedido en préstamo por el Barcelona, lo cual podría considerarse un buen negocio pues no hay que pagar millones por los derechos deportivos, pero a la larga es un mal negocio porque se le pagaba un exorbitante salario equivalente al que recibía de los catalanes, para quien esa cesión sí fue un buen negocio. La lista la cierra en Wolfsburgo y el Hamburgo, el primero un club que con miras a la Champions League “tiró la casa por la ventana” y al final le salió “el tiro por la culata”; el segundo sufrió tal trauma en su última participación en el torneo en mención (2005) que aún no se recupera de todas las humillantes derrotas sufridas. El problema, que en verdad son dos problemas, se resume en lo siguiente: - Los jugadores se creen a sí mismo la historia de que la Champions es más importante que la Bundesliga y olvidan que si bien el torneo europeo es lo máximo en su campo, éste no existe sin un acceso a través de la Bundesliga, lo que preestablece una condición inevitable: para subir a la cúspide hay que ascender los escalones del campeonato alemán con pie seguro. - Los clubes se gastan fortunas armándose para enfrentar la Champions League y luego se quedan sentados en gastos fijos enormes, con problemas en la Bundesliga que les dificultan el acceso a los recursos extra que se obtienen en los torneos internacionales, y al final terminan obligados a volver a empezar de cero, como por ejemplo le ocurrió al Stuttgart tras sus dos participaciones en Champions cuando tuvieron que dejar ir a Mario Gómez y a Sami Khedira, los dos principales valores del equipo en su momento, porque no les podían ofrecer perspectivas, y porque necesitaban el dinero para tapar huecos en sus balances financieros. El Schalke va por el mismo camino y de no corregir su rumbo en Alemania, en el verano muy probablemente se vea obligado a decirle adiós a su portero Manuel Neuer. P/S: Por lo menos es tranquilizante que desde ya el Dortmund parece estar dispuesto a actuar inteligentemente; para evitar caer en la “trampa” de la Champions League los amarillo y negro anunciaron que en caso (algo casi seguro hoy) de clasificar al torneo europeo, lo enfrentarán con la misma plantilla base que tienen en la Bundesliga, de tal forma que no se cometa un suicidio financiero involuntario. “Nuestra prioridad seguirá siendo, a corto y mediano plazo, establecernos dentro de la Bundesliga” fueron las prudentes palabras del director deportivo del equipo, Michael Zorc. |
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| 24.11.2010 |
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| No crean que yo mismo no me incomodo de ver cuan monotemática puede ser la información en torno al fútbol alemán; se quiera o no el Bayern siempre surge como noticia principal, inevitablemente, y eso es porque el club de Múnich es la “estrella” del balompié germano. Y no me voy ni siquiera a referir al partido de anoche en Champions League, esa derrota fue –comparada con el punto central de mi relato de hoy- insignificante; el Bayern terminará primero en su grupo y eso es lo que cuenta, la debilidad de su defensa y la brecha que separa el rendimiento del primer tiempo con el del segundo se vuelve (pese a su importancia) irrelevante. No, hoy me vuelve a ocupar la tarea del psicólogo-periodista, el análisis de una personalidad y de unas situaciones de amplia repercusión, la búsqueda de respuestas a las preguntas ¿qué pasa? ¿por qué pasa? Lo que pasa es que hay una guerra de poder al interior del Bayern, una guerra promulgada y llevada a cabo casi en solitario por el entrenador Louis van Gaal cuyo propósito es explorar y extender las fronteras de su territorio, una guerra de tipo “colonialista” en la que se ingresa a campos ajenos con el ánimo de ejercer dominio e influencia. En resumen, el holandés está concentrado en ampliar sus límites, en estirar sus manos tan lejos como le sea posible. Esa guerra lleva ya algunos meses pero nunca hubiera asomado a la superficie de no ser porque al presidente del club, Uli Hoeness, se le acabó la paciencia y en televisión decidió hacerla pública al quejarse del carácter egocéntrico de van Gaal, quien por su parte para esa fecha ya había ganado dos muy importantes batallas. La primera de ellas la del dominio total sobre su plantilla; en el plantel del Bayern ya no hay nadie que se atreva a desafiar o poner en entredicho al entrenador, algo que aunque a muchos no les parezca adecuado es positivo (o negativo) pues crea una dinámica en la cabina que equilibra fuerzas ya que evita que (sin perder autoridad) no haya ni anarquía ni dictadura. Pero van Gaal logró imponer la dictadura, y lo logró a punta de favores como el de abrirle la puerta a jugadores jóvenes (de quienes no hay que discutir sus méritos, y eso debe quedar aquí muy claro) que en su infinito agradecimiento a la oportunidad ven como una deslealtad oponerse a actitudes despóticas; o de darle a otros jugadores de experiencia la posición que siempre desearon y la garantía de respaldarlos como líderes. La otra estrategia para construir su propio pedestal al interior del equipo fue el desmonte de futbolistas a los que les robó la confianza en sí mismos, su autoestima, condenándolos a la banca, diciéndoles que no los necesitaba, recomendando que se deshicieran de ellos, ignorándolos, haciendo de ellos elementos marginales del grupo. Ganada esta batalla, y con el título de la Bundesliga, la Copa Alemana y la participación en la final de la Champions League, el terreno estaba preparado para salir victorioso en la siguiente: forzar la alianza con la mesa directiva y sus figuras más prominentes: Karl-Heinz Rummenige y el director deportivo Christian Nerlinger. Con Hoeness, el presidente, no era necesaria una alianza sino una prudente distancia, al fin y al cabo él ya no tiene ninguna influencia –dada las funciones de su cargo- con los aspectos operativos del día a día. Su triunfo se plasmó primero en la aceptación explicita a la negativa de fichar nuevos refuerzos, especialmente en la defensa, y en la libertad que le dieron para actuar con respecto a los jugadores –lo que en principio convierte en superfluo el puesto de un director deportivo-; a cambio el holandés les pagó tolerando a Demichelis y Gómez, de quienes se quería deshacer pero las directivas consideraron inoportuno dejarlos ir cuando no se había fortalecido la plantilla con nuevos ingresos. Pero el mayor éxito de la alianza se observó durante la disputa con Hoeness pues tanto Rummenigge como Nerlineger –gestores de la renovación del contrato de van Gaal en momentos en los que el Bayern atravesaba su peor momento, otro espaldarazo- tomaron partido por el entrenador, llamaron a la “cordura” a su presidente y concertaron una paz en la que el primero terminaba “derrotado” informalmente. Pero a van Gaal no le bastó con eso, allí pudo haber parado, pero sus ambiciones son mayores y no ve por qué detener su avance; así, reta a su protector, a Rummenigge, quien ha declarado a Schweinsteiger intransferible, y anuncia que el Bayern debe vender al medio. El directivo, chocado, anunció que “en este tema asumo mi derecho de tener la última palabra” y la respuesta del entrenador fue “de acuerdo”, lo que no cerró el ambiente de conflicto pues inmediatamente abrió otro diferente comentando el deseo del directivo de que pronto los jugadores que durante largo tiempo han trabajado en sus lesiones y ya están recuperados regresen a la formación titular: “él no es el que hace la alineación” fue el despectivo replique de van Gaal. ¿Pero por qué pasa todo esto? La estrategia del entrenador holandés es interesante, es la de “puyar aquí y pellizcar allá”, hasta que las cosas terminen tomando la forma que él desea, y lo que él desea, de acuerdo a como yo lo interpreto, es hacer del Bayern Múnich el Bayern van Gaal, por eso su guerra está lejos de terminar y su final es predecible: o su dictadura se extiende (lo que creo que no va a pasar) o él se marcha herido asumiendo el papel de victima incomprendida de grandes visiones en pro del club. Lo curioso, y eso no lo ve van Gaal –o lo ve y por eso actúa así- es que el Bayern es su última oportunidad de brillar en el escenario internacional a nivel de clubes, de alcanzar nuevamente ese triunfo que tanto añora reeditar, ser campeón de la Champions League. Le quedan esta temporada y la siguiente, porque (él mismo lo anunció) el próximo paso en su carrera no da espera, a más tardar a partir del 2012 quiere entrenar una selección nacional y con ella participar en el Mundial del 2014. La guerra de van Gaal es una guerra del egocéntrico orgullo de un gran entrenador. ¿A costa o a favor del Bayern? Eso lo pueden responder los lectores. |
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| 22.11.2010 |
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| La noticia del día en materia futbolística en Alemania es la oficialización por parte del Bayern de la renuncia a la lucha por el título del presente campeonato; “ya no hay que pensar en el primer lugar, más bien debemos estabilizarnos y preocuparnos por mirar como conquistamos el segundo o tercer puesto” anunció el director deportivo Christian Nerlinger, quien también confirmó que el domingo estuvo observando al lateral izquierdo italiano Domenico Cristito, pues hay interés en traerlo a Múnich en diciembre, para que por fin por ese costado haya un jugador de nivel y no sólo ayudantes de gran voluntad como son Danjiel Pranjic y Diego Contento. Pero para mí el tema del día de hoy no es el Bayern, pues pese a que el club no anda por su mejor año, y que el único que viene jugando a la altura tradicional del club es Bastian Schweinsteiger (¡al que van Gaal recomienda vender!) mientras Lahm y Müller están contagiados del rendimiento promedio del resto de sus colegas venidos de la banca y que usualmente no jugarían (Ottl, Tymoschuck, Pranjic, Altintop). De acuerdo, se me olvido destacar a Mario Gómez que las está metiendo todas, pero como él no jugaba antes, me queda difícil decir que “mantiene su nivel”. No, para mí el tema más importante del fin de semana se escenificó en Gelsenkirchen, en el partido entre Schalke y Bremen que ganó el primero 4-0 y en donde lo más destacado no fue (así en España tengan otra opinión, que entiendo pero yo veo algo más importante) el que Raúl hubiera marcado tres goles, porque sin demeritar al ex Real Madrid, cualquier atacante de sus cualidades (¿cuántas oportunidades desaprovechó Huntelaar?) tiene que hacerse presente en el marcador por lo menos una vez ante un comportamiento defensivo tan pobre como el del rival de turno que presenta en sus filas a un central torpe, pesado y “tonto” sin mala intención (la peor categoría de tonto) como Prödl, que es pareja del titular de la selección alemana, Per Mertesacker, del cuál uno se pregunta cómo pudo con él Alemania llegar al tercer lugar del Mundial (y la memoria nos recuerda que así de mal lució varias veces pero que su socio Friedrich, usualmente lateral, limpió en Sudáfrica todo lo que dejaba regado el del Bremen); ambos están “reforzados” por un lateral de apellido Pasanen al que el puesto le queda grande y la verdad se le nota que no sabe qué hacer allí, pero que tiene más idea que la “gran contratación” del club en el verano, el francés Silvestre, a quien sólo a punta de exagerar de manera benigna y generosa (respetando su pasado) hoy se le puede considerar “jugador de fútbol profesional”. Lo que viene pasando con el Bremen duele así uno no sea su seguidor, y duele porque a lo largo de la última década el equipo se había consolidado a punta de mucho trabajo y esfuerzo como el modelo antagónico del Bayern; si en Múnich la consigna era “ganar a toda costa” en Bremen era “jugar bien a toda costa”. Los platos rotos producidos por la consigna del Bayern los pagaba el espectador, que se tenía que aguantar unos “ladrillos” de partido que -siendo justos- los que iban al estadio habrían tenido el derecho de cobrar por ello pues se sometían a un tormento más que a un disfrute; en el caso del Bremen su consigna le costaba puntos, pero el público no tenía nada que reprochar pues el fútbol que exhibía estaba lleno de emoción, de ganas, de talento, de un amor declarado por el espectáculo que es hacer algo que a uno le gusta y hace bien. Tras el 0-6 en Stuttgart se llegó a especular que el equipo estaba confabulado contra el entrenador Thomas Schaaf y que su pésimo rendimiento tenía como principal objetivo acelerar su despido, algo que no ocurrió (y probablemente no ocurrirá pronto) pues las directivas del club no dudaron en respaldarlo. Schaaf tuvo entonces un par de días para revisar con calma y profundamente lo que viene pasando; si en ese tiempo no encontró respuestas, el partido en Gelsenkirchen debe habérselas entregado: el Bremen está lejos de ser “un equipo”. ¿Pero por qué? La mayoría de los jugadores lleva buen tiempo en el colectivo… ¿Fue la partida de Özil lo que acabó con la unidad? No, en el pasado se han compensando dependencias aún mayores (Micoud, Diego) ¿Es entonces el entrenador? Sí y no, sí porque está confiando en gente que no rinde, que está fuera de forma, basta ver lo ejemplo mencionados anteriormente, o decir que Aaron Hunt (llamado a cubrir el vacío dejado por Özil) en vez de explotar se ha orientado mucho más hacia el modelo Tim Borowski, un futbolista que pareciera concentrar todos sus esfuerzos en hacerse invisible, o un Thorsten Frings convencido (equivocadamente) que sus pases tienen la precisión de hace unos años y (sin razón) furioso con quienes no hacen uso de ellos; pero los pases son imprecisos y la furia sólo crea una fisura en el conjunto. Además allí tenemos a una muy buena contratación, el brasilero Wesley, condenado al papel de ayudante de nadie, uno que juega en pro del grupo, pero como el grupo no existe, es como si jugara con y para nadie; súmele a eso a Marko Marin, cuyos dribles serían mucho más importantes y desequilibrantes como aporte a un ataque rico en alternativas, alternativas que están ausentes y por eso lo único que quedan son los dribles de Marin, y de pronto Marin es todo el ataque del Bremen, y él se da cuenta de ello y en vez de buscar cómo repartirse mejor la carga con sus compañeros de adelante (con Almeida por ejemplo) se entusiasma de ser protagonista, siente la luz de los reflectores sobre su cuerpo, el verde del gramado es su escenario, este es su show, “!mi show!” “!Hagámoslo en solitario!” pero en solitario no funciona porque es como un mago que durante 90 minutos hace el mismo truco y por lo tanto aburre y permite que descubran su secreto. Sí, el entrenador Schaaf tiene gran parte de responsabilidad en lo que está pasando, pero de otro lado no la tiene, porque el fútbol que plantea es el típico fútbol del Bremen, uno que ya demostró lo que puede alcanzar, de lo que es capaz, pero para ello se necesita la plantilla adecuada, y la de hoy (por falta de ganas, o porque cree que ya lo sabe todo) no lo es. |
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| 18.11.2010 |
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| El amistoso contra Suecia fue todo lo que se sabía que iba a ser: aburrido, falto de dinámica, plagado de pequeños errores. Pero está bien, el partido no estaba en el calendario para divertir o ser ejemplo de perfección futbolística, su objetivo era otro y ese se cumplió. Para el entrenador Joachim Löw la ocasión no pudo haber sido más perfecta: un partido sin valor competitivo + una estampida de talentos juveniles aspirando a llegar a la selección = casting. Y así pudimos ver en acción no a los que son, a los consagrados, sino a los que vienen, a los que prometen (incluidos los que lo hacen ya largo tiempo como Kroos y Marin); éstos, por supuesto, faltos de la rutina que da llevar tiempo como grupo, revelaron vacíos de mecanización de movimientos y recorridos en la cancha, pero –y aquí radica lo fundamental- exhibieron qué es lo suyo personal, individual, de aporte al equipo nacional de mayores. Veamos los resultados. Lewis Holtby: El del Maguncia fue sin duda el gran triunfador entre los debutantes; algunas veces fue más voluntad que resultado, pero se le constató un enorme deseo no sólo de destacar sino de asumir sin temores o angustias el timón del barco. Se mostró, pidió el balón, lo entregó casi siempre bien, creo un par de paredes y sirvió un par de pases geniales, y estuvo hasta a poco de anotar. Pronto lo veremos de nuevo. Marcel Schmelzer: Tímido, muy tímido, esporádicamente, pero demasiado poco, insinuó el gran impulso que puede dar al equipo convirtiendo su banda en un arma ofensiva; en materia defensiva el lateral fue pillado a contrapié en tres ocasiones, lo cual acrecentó su nerviosismo. Su hora aún no ha llegado. Mario Götze: Inexplicable por qué Löw decidió mandarlo tan tarde a la cancha, pero eso no cambia el balance positivo; ¡qué madurez la de este chico! Lo que hizo no lo hizo perfecto, pero eso sí, lo hizo todo bien, admirable. Desde ya se le puede considerar miembro de la selección de mayores, si el entrenador decide superar sus reservas ante lo de la edad. André Schürrle: El del Maguncia también se integró bien desde el momento de su tardío ingreso a la cancha, mostró muchísima voluntad, sus desplazamientos inteligentes y apegados a lo que mostró Löw en el tablero, lo cual debe haber satisfecho al entrenador, no le cambiaron lamentablemente la cara al partido, y eso es algo que probablemente pese en su contra, pues fue disciplinado pero su tarea, hecha a la perfección, no marcó la diferencia. Llega seguro, pero su proceso tomará un par de temporadas. Y ahora miremos a otros actores que no eran nuevos, pero casi: Mats Hummels: El central del Dortmund, lleno de ambiciones y con unas ganas notables de exhibir su enorme talento, empezó el partido intentando poner sus condiciones, asumir el liderazgo de la defensa, pasar al ataque con sus peculiar manera de ganar el balón y transportarlo hasta las líneas ofensivas. No habían transcurrido 15 minutos y un par de pelotas no se dejaron controlar como él lo deseó, desde ese momento optó por ir a la segura a costa del brillo de sus condiciones; contra Suecia Hummels no jugó a lo Hummels sino a lo normal de un central promedio. Hummels habrá pensado tal vez que así tiene más opciones de llegar a la selección de mayores que si se concentra a jugar como es su estilo personal. Yo creo que eso fue un error, por eso, con certeza, en la Eurocopa 2012 no lo veremos de titular. Kevin Großkreutz: Se dejó intimidar por el par de partidos de más que tiene Boateng en la selección, lo que a sus ojos lo convierte en un veterano, y por eso terminó en el primer tiempo arrinconado en un espacio diminuto mientras su compañero defensor lateral se tomaba toda la longitud de la banda. En el segundo tiempo, con Beck de pareja, las cosas funcionaron mejor, pero tampoco mucho mejor como para que se haya quedado en la memoria. Difícil que se imponga y conquiste pronto un lugar en la selección. Andreas Beck: A veces no hay forma de explicar la transformación de algunos jugadores, quizás eso se deba a que pese a seguirlos semana a semana en la Bundesliga, sus cambio de actitud se da paso a paso y cuando se les vuelve a ver en la selección parece que hubiesen dado un enorme salto. Beck, a quien evidentemente la responsabilidad de ser capitán en el Hoffenheim le ha sentado bien, luce maduro y aplomado, sus incursiones ofensivas ya no se ven atropelladas sino llenas de sentido, y su constante comunicación con el volante socio aporta mucho a un orden táctico. Seguro que vuelve a la selección que se deshizo de él cuando se marcho al Mundial 2010. Christian Träsch: Talento y ganas no son suficientes, el del Stuttgart no parece que vaya a lograrlo… Toni Kroos y Marko Marin: Ambos tienen razón para preocuparse por su futuro en la selección alemana, el primero victima de su gran flexibilidad, como puede jugar en todas las posiciones del mediocampo (de creativo, recuperando, por las bandas) aún no encuentra su lugar en el equipo, lo cual lo limita a la potencia de sus disparos; el segundo se pierde en driblings que no aportan, y sus mejores escenas se presentan cuando encuentra un socio para tocar en corto, pero a veces él mismo no lo busca y se evapora en acciones individuales sin sentido. |
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| 15.11.2010 |
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| Él me contó que se sentía cansado, que la verdad está fuera de forma y que los 45 minutos resultaron “más exigentes” de lo que parecieron; además, él no estaba previsto para jugar, él estaba en la plantilla, sentado en el banco, de relleno, para completar la lista, no verdaderamente por ser una opción de ir a la cancha. Pero ya ven, así es la vida, así es el fútbol, Demichelis, uno que por fin viene jugando, aunque sea por pura emergencia, luego de todo lo “telenovelesco” en torno a su larga suplencia, sufrió un endurecimiento de los músculos del muslo y tuvo que abandonar en la pausa el partido y someterse cuidados médicos. En el Bayern no es que sobren las opciones como defensores centrales desde que Badstuber está de baja, y claro, van Gaal pudo haber enviado al terreno a van Bommel (quien anda molesto porque no lo pusieron) y retrasar a Tymoschuck al lado de van Buyten, una alternativa que en el pasado funcionó pese a no ser muy ortodoxa. Pero para alegría del aún juvenil brasilero Breno el entrenador se decidió por él, por uno que el holandés (poco amigo de los halagos, aún mucho menos amigos de los latinoamericanos) considera un “enorme” talento, “uno de los mejores” que ha visto, y por ello ha anunciado que en el futuro cercano será el titular indiscutible del club de Múnich. Y así, sin que el mismo Breno se lo esperara, el brasilero terminó en la cancha ante la mirada inaudita de una afición que venía leyendo que éste reaparecería en el 2011 cuando estuviera “a más del 100%” de la recuperación de la grave lesión sufrida durante su corto (pero éxitoso y prometedor) paso en préstamo por Nuremberg, paradójicamente el rival de turno. El público, de forma espontánea, le brindó todo su apoyo, algo que no pasó desapercibido para Breno, quien me dijo al respecto: “increíble, después de tanto tiempo por fuera la gente da su respaldo, eso es bonito”. Lo mejor de todo es que el Breno que vio la afición de Múnich el domingo tiene poco o nada, la verdad nada, que ver con el Breno que habían visto antes, con el que tenían en la memoria. El Breno “viejo” era un corpulento muchacho que con muchas ganas saltaba y corría pero cuyos movimientos lucían como los del potro al que por primera vez sueltan en el corral: lleno de alegría y garbo pero sin sentido, algo “despotricado”. El Breno “nuevo” es un enorme roble, elegante como pocos centrales, de pie con una imponente gallardía, con la frente constantemente en alto, atento de todo su entorno y presto a dar el paso correcto en la dirección en la que debe, hacía el lugar donde se le necesita, y una vez conquista el balón su pase al compañero no se limita a ser sólo limpio sino constructivo. Fue un placer ver semejante transformación, especialmente luego de tantos meses de incertidumbre por su lesión; de tanto tiempo de dudas en torno a su valor. Yo he acompañado a Breno desde el momento de su llegada a Múnich, como acompañé también en su momento (por circunstancias de trabajo) a José Ernesto Sosa, y la pregunta que siempre estuvo en el aire fue ¿lo logrará? Hoy no me queda duda, Breno lo va a lograr, no sólo porque -según me reveló- van Gaal le dijo “entrena bien, exígete, tu vas a tener conmigo tus oportunidades”, sino porque su clase es grande, porque todo este tiempo hasta ayer, “el día más feliz de mi carrera desde que estoy en Alemania” en palabras del joven brasilero, le sirvió para madurar en una forma que probablemente no hubiera alcanzado de jugar regularmente. Lo curioso es, ya por cerrar, es que hasta ahora Breno y Badstuber, el futuro de la defensa central del Bayern, no han jugado ni una sola vez juntos, ni siquiera en los entrenamientos. Nunca han los dos juveniles compartido lado a lado la posición; hasta ahora, pero eso va a cambiar. |
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| 11.11.2010 |
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| Es indudable que muchos clubes esta temporada han sido victimas de la falta de personal por culpa de las lesiones, tomemos de ejemplo al Bayern, al que en un momento específico le faltó todo un equipo, 11 jugadores, entre ellos 5 que en el torneo anterior eran titulares indiscutibles. Allí tenemos también al Moenchengladbach, que enfrentó a los de Múnich (3-3) acusando la ausencia de 8 futbolistas, entre ellos es suspendido venezolano Juan Arango; o al Bremen, que empezó el torneo sin sus centrales titulares (Naldo – Mertesacker), al que durante semanas (y ahora parece que la situación se repite) tuvo que prescindir del goleador peruano Claudio Pizarro y de su arquero Tim Wiese. En el Schalke están con los nervios de punta porque aún no se sabe qué tan grave son los problemas de Klaas-Jan Huntelaar, ni tampoco si tendrán que concederle una pausa de recuperación a su mejor hombre y goleador indiscutible. Sin el holandés los de Magath tendrán más problemas de los que ya tienen. Y en Leverkusen, donde el que estaba llamado a liderar el equipo no ha podido jugar pues se encuentra trabajando en su rehabilitación, Michael Ballack, por lo menos pueden consolarse con que otro pilar, que estuvo largo tiempo convaleciente, ya juega de nuevo, Simon Rolfes. No es garantía que un equipo que logra conservar saludables a sus fichas más importantes obtenga resultados positivos; funciona en Dortmund, que no aqueja bajas, pero fracasa en Wolfsburgo, con sus figuras a tope y pese a ello sufriendo. Interesante será ver cuando le toca la mala suerte al resto, especialmente ahora cuando al Bayern se suman de nuevo van Bommel, Ribéry y Contento, quienes han sido dados de alta de esta clínica de la Bundesliga. |
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| 10.11.2010 |
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| Fue hace exactamente un año... Quienes aún no sepan cómo sucedió, aquí está la crónica; para aquellos que quieran saber qué nos dejó esa muerte, leer el análisis. En la memoria se queda el dolor que causó en Hannover, y en Alemania, su suicidio, y la multitudinaria manifestación de afecto y cariño de la afición que llenó un estadio para desdedirse de uno de sus futbolistas más queridos y respetados. Pero quizás sea mejor recordarlo, escuchando la canción escrita en su honor "Robert Enke número 1", por aquellas acciones que lo encumbraron como uno de los arqueros más completos de Alemania. |
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| 08.11.2010 |
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| Pasó el fin de semana y el fútbol alemán sigue rindiendo tributo con la boca abierta al Dortmund, que sin problemas, con una ligereza casi insultante, se sacudió ante el Hannover la frustración que carga en la Liga de Europa obteniendo un soberano 4-0, un resultado que necesitaría con urgencia en la competencia internacional de la cual, si no despabila, saldrá eliminado. El único problema del líder (si se le puede llamar problema) es el repetido desaprovechamiento de Nuri Sahin de un tiro penalti; por lo demás, perfecto: Barrios hizo tremendo partido, el segundo en la tabla, el Maguncia, perdió, y ahora el Dortmund tiene una ventaja mayor ante todos los que todavía pueden (o creen) obtener el título esta temporada, al Bayern le aumentó 2 puntos, al Hoffenheim 3; el único que mantuvo el ritmo fue el Leverkusen, que por cierto tras 11 fechas se convirtió en apenas el tercer equipo en superar la barrera de los 20 puntos en la clasificación, algo muy diciente sobre el equilibrio del torneo que llega reforzado por 7 equipos con 3 puntos entre sí, uno con 19 (Francfort), 4 con 18 (Hoffenheim, Friburgo, Hamburgo y Nuremberg) y 2 con 16 (Bayern y Hannover). Tomando como referencia otras ligas importantes de las posiciones 4 a la 10 no hay comparación con lo apretada que está la alemana. En España (en 10 jornadas) e Inglaterra (11) hablamos de 5 puntos de diferencia, en Italia (10) son sólo 4; únicamente Francia en 12 fechas está más emocionante, del primero al octavo 3 puntos de diferencia, 5 equipos compartiendo la cuarta posición, por arriba sólo dos puntos de la tripleta que ocupa la décima casilla. Que la Bundesliga esté marchando tan llena de emociones se le debe prácticamente en su totalidad a los llamados “equipos chicos”, a esos clubes que al inicio de la temporada no están en la lista de nadie pero conforme anda el torneo se encargan de sorprender, de robar puntos, de encaramarse en la tabla, de gritar ¡aquí estamos!. Durantes las primeras jornadas los encargados fueron Maguncia (que aún sigue allí pese a dos derrotas consecutivas), el St. Pauli y el Kaiserslautern (hoy ya de regreso donde pertenecen de acuerdo a la lógica, en las posiciones 13 y 15 respectivamente, y no por jugar mal); luego les tocó el turno al Friburgo (que aún se aferra con fuerza en la casilla 8 a lo cosechado tempranamente) y al Hannover (actualmente en un puesto que históricamente le es conocido, el 10) equipos que curiosamente fueron “aterrizados” en la realidad por un Bayern que pese a ello sigue en la clasificación en “sándwich” entre los dos, de noveno. El turno de este fresco segundo tercio del campeonato es del Francfort y el Núremberg, el uno un equipo que siempre aspira a más y a mitad de camino usualmente se queda en menos, el otro tradicionalmente aguerrido cuando la lucha por las posiciones se pone candente, solo que esas posiciones que generan la lucha son acostumbradamente las que alejen del descenso. En el Francfort se han beneficiado de la continuidad que se le ha dado al entrenador Michael Skippe, el ex asistente de Rudi Völler en la selección alemana del Mundial del 2002 y luego técnico del Leverkusen, donde conoció al jugador que le tiene a punta de goles oliendo los lugares de fútbol internacional, Teofanis Gekas, cabeza de la lista de artilleros del campeonato (11 goles) y candidato firme a repetir el trofeo de pichichi que ya consiguió en el 2007 cuando el griego se encumbró en el mercado para luego vivir 3 años amargos tanto en el equipo de la multinacional Bayer –donde estuvo gran parte del tiempo en el banco- como en el club de la capital alemana, Berlín, con el cual conoció los desazones del descenso. Pero el proceso que se desarrolla en el cuarto de la clasificación, el Francfort, es menos interesante que el que ocurre en Nuremberg, sexto, donde la temporada pasada descubrieron (Breno y Ottl) una fórmula muy buena para formar a punta de préstamos un equipo de nivel sin gastar el dinero con el que no cuentan. Los grandes de la Bundesliga están complacidos de poder ceder a algunos de sus talentos, aquellos que aún no se imponen en sus filas, para que ganen en fútbol, en experiencia, y de paso la transacción les alivia la carga salarial. De esta forma llegaron a Nuremberg Mehmet Ekici (Bayern) y Julian Schieber (Stuttgart) quienes con el otro gran valor Ilkay Gündogan, el jugador turco-alemán que a final de la temporada con mucha probabilidad sea vendido al Manchester United por una significante suma pues su contrato termina en el 2012, conforman un trío juvenil (20, 21, 20 años), fresco, atrevido y de gran dinámica que ha llenado de vida al conjunto y despertado de nuevo lo mejor que tienen veteranos como Andreas Wolf o el argentino Javier Pinola, quien se entiende tan bien con Schieber que entre los dos han creado un par de anotaciones de gran factura. Pero lo más bonito de apreciar en Nuremberg, mucho más que el fútbol que practican (que tampoco quita el aliento si queremos ser sinceros) es el fenómeno del sapo besado por la princesa; la suerte sonríe, los resultados llegan y el sapo saca pecho en forma de príncipe, orgulloso de sí mismo, con la confianza que da ser bello y fuerte. Esperemos que la próxima vez que se observe al espejo el Nuremberg siga siendo a ese príncipe y no al sapo. |
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| 03.11.2010 |
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| Los encuentros con los colegas, con periodistas deportivos que a diario “comen” fútbol, son una de las experiencias más interesantes de la profesión; su actitud es en la mayoría de los casos crítica, pero no por ello inmune al entusiasmo. Cuando se analiza con ellos lo que sucede en Maguncia, en Dortmund, en Hoffenheim, porque no también con el Friburgo, el St. Pauli y el Hannover, se desata un elogio a la Bundesliga y su equilibrio entre grandes y pequeños. Ni que hablar de los vistazos que se le echan a la clasificación quinquenal de la UEFA, con Alemania como líder esta temporada y a poco de alcanzar una cuarta plaza en la Champions League a partir del 2011; mencionado cualquier tema relacionado con la selección nacional el orgullo patrio (pues yo soy de los poquísimos extranjeros siguiendo tan de cerca lo que acontece en el balompié de este país) se exalta y las nominaciones a mejor futbolista del mundo de este año publicada por la FIFA con 7 actores de la Bundesliga (contado Özil que hoy está en el Real Madrid) refuerzan el sentimiento de orgullo. ¡Va bien el fútbol alemán! Sí, va bien, es innegable, y por esa razón es frustrante, una completa decepción, ver al Schalke y al Bremen en Champions League. Seamos sinceros, hoy por hoy no puede el fútbol alemán estar peor representado internacionalmente, no por ausencia de calidad sino porque esos dos clubes pasan por un lamentable momento. Lo del Bremen anoche contra su rival holandés en casa fue un monumento a la mala suerte + inocencia. Los verdes –al igual que contra el Bayern- perdieron un partido (por demás emocionante para quienes lo observaron, especialmente para los que no son hinchas) que dadas las ocasiones de anotar debieron haber ganado, pero viendo sus errores perdieron justamente. Daba pena ver a un Marko Marin, no precisamente famoso por la potencia de sus piernas, intentando constantemente disparos de larga distancia; a un Wesley de lateral sin sentido de orientación en su posición, perdiendo duelos (por ejemplo el del 2-0) por culpa de atender más a su vocación ofensiva que al trabajo que se le había encomendado; a Aaron Hunt recibiendo la pelota sin encontrar cómo entregarla; a Pizarro empujando hacia delante con impulsos que sus compañeros parecían no entender; a Hugo Almeida en el lugar justo, allí donde debe estar un delantero para marcar, con la respuesta equivocada al momento de definir. La expulsión de Frings borró el poco (sí, poco) orden defensivo con el que contaba el Bremen, sin él se abrió un boquete enorme en la mitad de los locales que los holandeses no desaprovecharon pues les bastó robar el balón en su campo para encontrar un espacio abierto y casi infinito para moverse hasta topar con 2, 3 defensores que ante la arremetida no sabían qué camino coger. Y eso también es parte del fútbol alemán que va tan bien. Como lo es igualmente la pasividad del Schalke, un equipo que en Israel pareciera que sus grandes nombres (con excepción anoche sólo del arquero Manuel Neuer, responsable del empate, y el peruano Farfán) fueran sólo una colección de letras y no de hombres de carne y hueso que con sus acciones están en capacidad de darle la vuelta a un partido. En Tel Aviv Raúl, Huntelaar, Jurado, Metzelder, etc, no justificaron el precio de la entrada pagado por los aficionados que fueron a verles, pues su equipo ya está más que eliminado de la Champions League. En Tel Aviv Raúl, Huntelaar, Jurado, Metzelder, etc, se limitaron a rendir testimonio –internacionalmente- del por qué el Schalke está en el fondo de la tabla de la Bundesliga, peleando con la amenaza del descenso. El entrenador Magath es en la actualidad el ciudadano con más dudas e incertidumbres en Alemania, anoche volvió a tirar los dados y de allí salió, por enésima vez, una nueva formación, todo porque no encuentra respuesta a las preguntas ¿cómo y con quién? El fútbol alemán actual alegra, pero tristemente no todos los días… |
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| 02.11.2010 |
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| Es un poco inusual esto de las “vacaciones”, lo de hacer una pausa en el trabajo me resulta algo raro pues tendría tantas cosas por decir, tantas para contarles… Pero bueno, aquí estoy de vuelta y vengo cargado de temas de los cuales no hablaré por pura falta de espacio, entre ellos la penosa situación del Schalke (la cual nunca creí que se agudizara de esta forma teniendo en cuenta la plantilla y el entrenador que tiene) ya definitivamente por fuera de cualquier lucha por un título que no sea el –improbable- de la Champions League (y pese a ello sus jugadores se van de farra), así como el espectacular momento del Dortmund. Pero el tema de hoy tiene (una vez más) de protagonista al Bayern. Pude haber escogido otro, pero como ignorar lo que pasa en el equipo más importante y representativo del fútbol alemán; cierto, hay otros asuntos que quizás hoy podrían ocupar esta columna, pero pocos de ellos con la incidencia a futuro en toda la liga como la grieta que se ha abierto en Múnich entre la presidencia del club y el responsable de los resultados deportivos. La arremetida frontal e inmisericorde del presidente del Bayern Uli Hoeness en televisión el pasado fin de semana contra el entrenador Louis van Gaal es única; para muchos de ustedes en la distancia probablemente luce normal y sin mayores implicaciones. Aquí, en Alemania, en Múnich, constituye un hito hasta para el mismo Honess, experto en atacar a quien se le atraviese por el camino, porque por primera vez el presidente –hasta hace poco director deportivo- la emprende con semejante vehemencia contra una posición que siempre respetó y defendió –incluso en momentos en los que las cosas no marchaban- la del entrenador, al que al final despedía si era necesario, pero sobre el cual se mordía la lengua mientras estuviera en el banco para no debilitarlo. Eso es tan particular como el momento en el que sucede: cuando las cosas marchaban peor, y el equipo cumplía su más desastroso inicio de temporada en la historia de la Bundesliga, se le renovó el contrato a van Gaal; ahora que el equipo empieza a recortar terreno en la Bundesliga, que en la Champions está prácticamente clasificado, y en la Copa Alemana se dio un paso a la siguiente fase, llega el grito de descontento. También es curioso que lo que dice Hoeness, con tanto veneno e ira, es algo que para nadie es novedad: van Gaal es testarudo, arrogante, enemigo del diálogo, displicente con aquellos jugadores que cree no necesitar y en su película es protagonista de un “one man show” que “no tiene cabida en el club”. Hoeness, lamentablemente pues sería mucho más constructivo, ignora en esa película su propio papel y el del resto de la mesa directiva. Todos ellos, embriagados por el éxito de una primavera inolvidable, evitaron el conflicto y le dieron “mano larga” a van Gaal, le dejaron imponer sus condiciones, le creyeron a ojo cerrado (¿por qué no? Todo marchaba…), le despejaron el escenario para su “one man show” y conforme pasaron las jornadas, con una plantilla reducida y sin sus estrellas, y los resultados no llegaban se encontraron a sí mismos en un callejón sin salida cuya puerta de escape fue la renovación del contrato a van Gaal, el efecto esperado se obtuvo, el mensaje se transmitió como se pretendía: “todo está bien, confiamos”. Pero era claro que eso no era así (por lo menos para mí, pero yo estoy con el Bayern casi a diario), era claro que el holandés tenía (¿tiene?) acorralados y en sus manos a las directivas del club, que en últimas él no es un elemento que trabaja para el grupo, sino que él ve al grupo trabajando para él, para aquello que él considera lo correcto. Los viejos y experimentados lobos del Bayern cayeron en la trampa, una que ellos mismos se tendieron, y Hoeness es el primero en sacudirse las cadenas que se echó al cuello, y claro que en el intento de liberarse, de replantear el equilibrio que debe reinar en el club ante el peligro de una hegemonía “van Gaalesca” lo hace gritando con furia. Y en esos gritos se esconden verdades inocultables. Hoeness tiene razón. El presidente del Bayern crítica a van Gaal por la forma como maneja a sus jugadores, como le hace sentir a aquellos que cree no necesitar la debilidad de su posición, como los degrada y los desacredita en privado y en público. Sus ejemplos (independientemente de opiniones personales, la mía entre ellas) no podrían ser mejores: Mario Gómez, fichado por más de 30 millones, empezó la temporada con el Bayern escuchando del holandés “yo no lo hubiera comprado” pero sin embargo sus goles le sirvieron para mantenerse los primeros meses hasta que llegó una lesión de la cual se recuperó físicamente pero no emocionalmente pues van Gaal no lo puso a jugar y no se cansó de repetir que el delantero podría irse pues para él no había espacio, paradoja 1, cuando por fin juega 90 minutos marca 3 goles y desde entonces está presente en el marcador constantemente gracias a que es titular debido a la baja de sus compañeros Olic y Klose; el argentino Martín Demichelis, de quien van Gaal dice que “es un tipo raro que tiene problemas” anotó un importante gol contra el Friburgo en su primer partido desde el inicio y (pese a que cometió errores graves como el del primer tanto del rival) fue el jugador con más duelos ganados, lo cual no sirve de nada pues el holandés prefiere a Daniel van Buyten (y él es el único que cataloga al belga como un central de gran categoría) y cuando la cosa se pone de emergencia le da el puesto a un volante de contención, lo que nos lleva al tercer nombre mencionado por Hoeness; Timoschtschuk, uno al que el banco le expresó con claridad ¿qué hace usted aquí? Pese a ello el ucraniano, lleno de entusiasmo, cumple con su función, así no sepa qué está haciendo. Hoeness señala que en un equipo no se puede tratar así a la gente, pues cuando se necesitan hay que poder contar con ellos, y en el Bayern se llegó el momento de recurrir a ellos pues sucedió lo que todos temieron cuando se conoció la decisión de van Gaal de no reforzar la plantilla: un par de lesiones y la plantilla no tiene cómo llenar los vacíos. El fútbol del Bayern en esta temporada sólo lo celebra el propio van Gaal, él está solo en su opinión de que el equipo juega “excelente” y que lo único que falta “es concretar las muchas ocasiones de anotar que se crean”. Pero el Bayern que tantos corazones y seguidores conquisto en la primavera con su alegre, punzante y atractivo fútbol no es el Bayern del otoño en el que el balón va de izquierda a derecha y de derecha a izquierda sin profundidad constante, el club de Múnich terminó el mes de octubre no sólo con una enorme cuota de pases errados sino también utilizando un recurso que su propia afición en la Allianz Arena repudia con silbatinas, la devolución desde mitad de cancha, a veces desde la zona de tres cuartos, a su arquero. “Llevo meses viendo eso” dijo Uli Hoeness justificando su ira, y agregó “medité mis palabras antes de decirlas” lo que significa que la colisión no para aquí. La reacción de van Gaal aún no se conoce, pero si la de los otros miembros de la mesa directiva, ella es conciliatoria, su vocero, Karl-Heinz Rummenigge, dijo “hay que hablar entre nosotros” y anunció una mediación entre el entrenador y el presidente. Lo cierto es que la era van Gaal, como se conocía hasta ahora, la del reinado absoluto, terminó, los cambios ocurrirán porque el entrenador es transitorio, su presidente, toda una vida entregado al club, no. |
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