
| 31.03.2010 |
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| Sí, el Bayern ganó 2-1, y le ganó al equipo que junto al Barcelona es favorito al título de la Champions, al ManU, al todopoderoso club inglés que (sin tapujos, ¡como es!) estuvo en Múnich lejos de arrollar, y eso, principalmente, porque el equipo alemán jugó bien, muy, muy bien. La primera parte fue del Bayern, pero lo fue menos que la segunda, donde los locales se lucieron. Ustedes quizás ya vieron el partido y leyeron lo qué pasó, así que yo apenas les regalaré aquí las imágenes de los goles alemanes y después mis reflexiones sobre las cosas en las que hay que trabajar si la próxima semana se quiere asegurar el cupo a semifinales. Martín Demichelis: El central argentino necesitaba (aún necesita) tomarse confianza después de superar la lesión de ruptura de pómulo; eso lo sabe él, quien pese a todo me dijo que se ya todo está sano y que su par de errores fueron producto de la mala fortuna. Yo tengo otra opinión, pues el primer gol es todo suyo, la primera falla sucedió a apenas un par de metros de mi banca, Nani corrió un balón por la banda derecha y “Micho” se lo pensó dos veces sobre si ir al recorte o no, claro, mientras se decidía ya Nani estaba en posesión de la pelota y se preparaba a encarar hacia adentro y Demichelis tuvo que frenarlo con falta (apenas habían transcurrido 15 segundos del partido). Luego vino el cobro, “Micho” sabía (así me lo dijo) de la maniobra de engaño típica de Rooney (tirarse hacia atrás y en medio de ese movimiento ir al frente, dejando al defensor enganchado en el regreso) pero resbaló cuando el delantero inglés tiró su masa (que lo de él no es cuerpo, es una masa sólida que mete miedo) para cortar la trayectoria del balón. 1-0 y la cosa pintaba mal. La falta de confianza, la falta de ritmo, hacen que Demichelis aún cometa fallas que normalmente no hace, y que evite choques que normalmente enfrenta. Por ejemplo en la primera parte un centro de la izquierda del Manchester lo encontró tan mal parado, porque se pifió en la calculación de la trayectoria del balón, (algo que para alguien de su experiencia y calidad es un desastre y usualmente no acontece), que Rooney tuvo el segundo gol inglés en sus pies y el portero Butt salvó. En el segundo tiempo las cosas mejoraron muchísimo, el argentino contuvo prácticamente todo lo que se acercó al arco del Bayern, y –lo mejor- aportó de forma grandiosa a la apertura de la ofensiva desde la línea de atrás, algo que su colega van Buyten (del que no hay que hablar porque es malo pero se esfuerza por hacerlo bien) consigue a punta de fuerza pero sin hilvanar con el resto del equipo. Demichelis tiene que jugar el fin de semana y recuperar su nivel, así el miércoles en Inglaterra el ataque del ManU (mejor dicho Rooney, porque ese fue, por lo menos ayer, todo el ataque) será neutralizado. Holger Badstuber: Cuando un central juega de lateral surge un problema en la apertura de las acciones ofensivas por el costado que casi es lógica; el central abre hacia los costados en el movimiento al frente, pero cuando está de lateral, automáticamente hace el mismo movimiento pero a la inversa, del costado al centro. Los que estábamos en el estadio, especialmente los que estaban cerca del césped, fuimos repetidamente testigos de la ira de Franck Ribéry, quien se liberaba de su marca una vez Badstuber recibía el balón para que éste se lo pudiera entregar; unas veces por dentro, otras de pique al fondo con la ilusión de que el lateral se la enviara por el corredor, otras regresando… y nada, Badstuber entregaba (eso sí, fiel al control y la seguridad que tanto pregona van Gaal) al medio, a Demichelis o a Pranjic o a van Bommel. El pobre Ribéry, en últimas, no tiene socio por la izquierda, está sólo, sin con quien combinar, y eso fue lo que ayer lo hizo tan grande. Pranjic tampoco fue el enlace ideal, y mientras Ribéry tenga que resolvérselas solo, el gran potencial del francés no va a encontrar su máximo. Ivica Olic: Es cierto que Thomas Müller trabajó mucho, como ya tiene acostumbrado al público, pero la presión que ejerce, comparada con la que imprime el croata, es ineficiente. Olic, más allá del gol (una genialidad de un atacante que está constantemente conectado con lo que pasa a su alrededor), obliga con su presencia y obstinada lucha por el balón, a que el rival entregue más rápido, a que no tenga tiempo para pensar, a que se desdibuje la opción de armar con seguridad. En Manchester es él el llamado a estar en la titular, pero en el medio, dos pasos detrás de Mario Gómez, de quien nos ocupamos a continuación. Mario Gómez: Su presencia física es la ideal para chocar contra la ordenada línea defensiva del ManU, especialmente cuando en vez de esperar al borde del área recoge en el último tercio de la cancha y encara con su fortaleza (como sucedió en el 2-1). No cabe duda que en el partido de vuelta el puesto es suyo, y con razón. Más individualidad: Cada vez que el Bayern se atrevió en la individual, creó peligro; Ribéry lo hizo todo el tiempo por la izquierda y sacudió al Manchester United obligándolo a ceder espacios donde no quería; Müller lo hizo una vez por el centro y Altintop una vez por la derecha, y en ambas ocasiones, así como cuando Klose se cruzó el área y le entregó a Gómez, que en el segundo gol también se atrevió a emprenderla por su cuenta, a van der Saar le tocó exigirse. Con Robben habrá en Manchester más de esta fórmula. Pensando en los anteriores puntos, la semifinal para el Bayern está más cerca de lo que parece. |
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| 29.03.2010 |
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| No hay tiempo ni espacio (y tampoco ganas) para ocuparse de banalidades: ¿Schalke líder? No me sorprende… ¿Leverkusen no para de resbalar? Tampoco me sorprende, el equipo está arañando sus últimos recursos… ¿Bayern volvió a perder? Claro, si el entrenador le apostó a los “caballos” equivocados y sacó a los que crearon el único gol (Pranjic y Olic) para meter a las estrellas que por la izquierda no se dejaron ver (Ribéry) y por la derecha se quedaron parados en la línea los últimos 12 minutos del partido (Robben, con un tirón muscular que lo margina probablemente para el martes contra ManU en Champions). Aquí hoy hay letras al por mayor sobre algo mucho más profundo, y de mayor importancia, la Bundesliga y sus efectos sobre la selección alemana, y por ende lo que pasará en el Mundial del 2010. Ya sabemos que Marcell Jansen prácticamente está por fuera luego de romperse los ligamentos que unen el peroné con la tibia, los médicos hablan en su caso de una recuperación que demanda algunas semanas pero que podría producirse antes del Mundial; el asistente del entrenador de la selección, Hans-Dieter Flick, de todas formas ya pronunció su sentencia (que no es para nada motivadora) “hay que contar con que no lo va a lograr”. En texto claro: ya no cuentan con Jansen en la selección, y eso que fue uno de los mejores de la temporada. El sábado en Múnich Sami Khedira (en una acción poco espectacular y que casi pasó desapercibida) fue barrido por Klose con tal violencia (innecesaria) que el del Stuttgart necesitará por lo menos 4 semanas para poder volver a jugar. En últimas Klose le hizo un favor a su compañero de equipo Schweinsteiger (claro, esa no fue su intención) pues con Khedira prácticamente por fuera del Mundial (aunque hay que esperar que dice Löw que para los jugadores del Stuttgart mide con otra vara) se confirma su deseo de ser el socio de Ballack en el centro del mediocampo alemán. Esas dos bajas dolerán en la selección, especialmente porque son dos jugadores que el entrenador tenía en su lista de llamados a ser columna del equipo. Pero más allá de las bajas –e incluso de los “bajones” de muchos de los seguros en Sudáfrica, entre ellos Klose, Podolski, y Trochowski- están las polémicas que acechan. Una de ellas es la concerniente al arquero titular de la selección. Ya Löw se decidió, el puesto le pertenece a Rene Adler, del Leverkusen; Manuel Neuer, del Schalke, y Tim Wiese, del Bremen, son (en ese orden) suplentes. El problema es que desde que se le entregó públicamente la confianza Adler se equivoca sucesivamente, su rendimiento (al igual que el de su equipo) dista mucho del de un portero mundialista. Sería injusto decir que no tiene calidad, pero es que hay otro que es mejor y ese otro ayer estuvo en el arco contrario y en duelo directo –bajo la mirada de Joachim Löw que estaba en la tribuna- fue mejor en cualquier comparación: Manuel Neuer ataja muy bien pegado a la línea de meta, sus salidas a recortar son impecables, su manejo de los tiempos de vital importancia para su equipo, el Schalke, su liderazgo es digno de mostrar, la madurez con la que ordena la defensa, y la energía y responsabilidad con la que asume la posición de libero cuando sus compañeros de atrás se desdoblan son ejemplares; agréguele sus saques, que con la mano, con el pie, en corto o en largo, usualmente ponen en movimiento un ataque. Pero el del arquero fue el dilema menor de Joachim Löw en la tribuna del estadio del Leverkusen, donde siguió el partido contra el Schalke. No, el problema mayor se llama Kevin Kuranyi: 17 goles, jugando en gran forma, atravesando la cúspide de su carrera, con una madurez enorme que le ha hecho entender que el trabajo de los delanteros no sólo es en el terreno del rival sino también en el propio, recuperando, mostrándose, entregando bien el balón y desmarcándose para recibirlo. Pero Löw echó a Kuranyi de la selección hace un año y medio y anunció que no lo convocaría nunca más, a lo que el jugador responde diciendo “yo seguiré luchando, mostrando lo que puedo, la decisión no está en mis manos”. El mejor delantero alemán del momento (y no quepa la menor duda, el mejor hasta cuando empiece el Mundial) no puede, pese a querer, representar a su país porque su tiquete a Sudáfrica depende de qué tan misericordioso es el entrenador, y éste se mantiene testarudo y se niega a pronunciarse en torno al tema. ¿Recuerdan por qué Löw echó a Kuranyi? Porque al delantero, al que mandaron a la tribuna en el partido contra Rusia en casa (eliminatorias al Mundial) mientras al campo enviaron a Podolski y Klose y a la banca a Mario Gómez, se molestó y sin avisarle a nadie se marchó a casa. “Una afrenta” calificó el entrenador y pese a que Kuranyi presentó disculpas por su conducta lo echó. Pero de otro lado ese es el mismo entrenador que perdonó que Podolski le diera una cachetada al capitán Ballack ante millones de espectadores, y la verdad yo pienso que eso es más grave y causa más daño al equipo, pero esa es apenas mi opinión, como es también mi opinión que hay que entender al delantero del Schalke, frustrado porque no siempre lo han tratado bien, basta ver lo que hicieron con él poco antes del Mundial 2006 cuando –pese a pertenecer a la plantilla base de la selección- se le tachó de la lista para darle cabida a un desconocido, David Odonkor, que pese a su desborde y centro en el partido contra Polonia, su gran logro personal, sigue siendo un desconocido. En la Federación Alemana de Fútbol (DFB) está consignado un principio que el entrenador Löw, en el caso de Kuranyi, se niega a reconocer. Éste es: “rendimiento y ganas de ganar son los puntos centrales de nuestro trabajo”; nadie menciona la “testarudez”, que parece tener aquí más peso. La afición del Schalke cantó el sábado en Leverkusen un coro que Löw tuvo que haber escuchado: “Jogi, abre los ojos”; Jogi es el apodo cariñoso del entrenador nacional, que no perdió ni una mueca a manera de respuesta. Beckenbauer, Magath, Heynckes (Leverkusen), la afición alemana, todos están de lado de Kuranyi. Lo lógico es que lo convoque… |
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| 26.03.2010 |
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| Maradona y Messi tienen compañía en los anales de los maravillosos goles conseguidos después de un genial solo: Arjen Robben marcó el triunfo del Bayern en la semifinal de la Copa Alemana contra Schalke en una jugada individual en la que, después de recibir el balón del portero Joerg Butt, recorrió 70 metros en solitario, pegado a la banda derecha antes de ingresar al área rival, donde sacó un zapatazo de zurda, burlando a 5 rivales. Aquí está, para que se deleiten… |
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| 25.03.2010 |
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| Los comentadores de televisión, un medio que pese a sus pretensiones de ser didáctico es puro entretenimiento, se quejaron durante 112 –casi sin interrupción- de lo que consideraron “un partido lleno de tensión pero sin emociones”. De “aburrido” calificaron el enfrentamiento de la semifinal de la Copa Alemana entre el Bayern y el Schalke. El público en el estadio, que en su mayoría quiere ver acciones de gol, jugadas elegantes y vistosas, tampoco pudo entusiasmarse de verdad con un largo, largo partido que se fue al alargue y de no haber sido por una genialidad de Robben, hubiera terminado seguramente en cobros de tiros penalti. Frecuentemente a los que amamos el fútbol nos toca “aguantarnos” partidos que son eso: aburridos, carentes de emociones, grises. El de anoche tuvo todos esos elementos, no hay que dudarlo, pero fue brillante para quienes quieren aprender cosas de este deporte, y eso es precisamente lo que lo hizo único. Para los observadores normales no hay tantas oportunidades en el fútbol alemán, o en el internacional, de poder ver con la claridad de una radiografía lo que el ojo de los expertos está acostumbrado a seguir. Schalke jugó lo suyo, paró sus líneas con una clara disposición defensiva, de contención y recuperación, esperó con paciencia por el momento de meter el cambio que lo llevará al arco contrario (en el segundo tiempo mejor que el primero) y todos sus jugadores exhibieron una alta cuota de sacrificio. Ver al Schalke ayer fue entender su táctica: el arquero Neuer define el primer impulso, no sólo es importante salvaguardando su meta, también en la apertura del juego, a veces pone a Kuranyi en escena con un puntapié largo, otras prefiere una salida controlada apoyándose en sus centrales o laterales, a veces envía a estos por el corredor con un potente saque de mano. Y los centrales son férreas columnas, Bordon es casi impasable, Höwedes siempre atento a la anticipación y Westermann (el que mejor lo hizo supliendo al brasilero) con una fortaleza y una entrega que hacia de cada balón el objeto de una enconada lucha. Los laterales (Scmitz, Zambrano y luego Matip) cumplen tareas muy rígidas (teniendo en cuenta los que ayer estuvieron por los flancos, Ribéry, Robben y Müller) de contención y su mayor aporte al ataque era velar porque su entrega fuera segura. En el medio Magath ha hecho de Rakitic un volante que crea pero que en principio destruye, es un disfrute verlo pelear por los espacios y saber que si se necesita también está en capacidad de entregar pases valiosos; Baumjohan, que en principio es el armador, tampoco descuida su trabajo defensivo. Adelante Kuranyi ocupa a los centrales contrarios, Farfán se mueve por todo lado y es la estación que se necesita para hacer la pausa, o prender el motor. Puede que lo de Schalke no sea vistoso, pero explica porque es segundo de la Bundesliga: por su orden, y por su consecuente forma de cumplir las tareas. Con esa forma de pararse en la cancha le cedió muy poco al Bayern para desarrollar su juego, al cual el equipo de Múnich también se mantuvo fiel: hacer circular el balón, no arriesgar en su entrega, todos sus jugadores en constante movimiento, lo cual crea pasillos por los cuales hacer el pase, y la certeza de que en sus filas hay dos futbolistas geniales que de las virtudes colectivas, con su valor individual, pueden sacar provecho. Eso fue lo que sucedió anoche, Bremen ya conoce su rival en la final de la Copa Alemana, y los espectadores que se dejaron llevar por lo didáctico del partido Schalke – Bayern, disfrutaron. |
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| 24.03.2010 |
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| Era demasiado bonito para convertirse en realidad, la linda historia –digna de un cuento de hadas- que pudo haber protagonizado el Augsburgo (leer el artículo al respecto) se quedó en lo que desde el principio fue: un sueño. Al “colado” en semifinales de la Copa Alemana el Bremen (con una noche muy lejana de cualquier brillo, con excepto de un solitario y genial Marko Marin) le mostró la diferencia entre la primera y la segunda división. El Augsburgo va ascender (no cabe ya la menor duda), pero no va a ser protagonista de la Bundesliga, como tampoco lo son equipos tales como el Friburgo o el Colonia, o (menos grave) el Moenchengladbach o el Bochum, cuyo espíritu y potencial es de segunda (división). El Augsburgo lo tenía todo servido para, con un único triunfo, poner “patas arriba” su historia, y la historia del fútbol alemán, clasificándose a la Liga de Europa. Fríamente hay también que decir que por fortuna ganó el Bremen, porque ¿qué iba a hacer un club como el Augsburgo levantando los estandartes de Alemania internacionalmente? Es increíble que un equipo sin medio campo haya llagado (llegue) tan lejos, su fútbol se limitó (especialmente en la primera parte) a recuperar el balón en el fondo y lanzarlo al segundo tercio del campo rival, donde guardaron la esperanza de que su goleador, Thurk, se quedara con él y superara a Mertesacker y/o Naldo. Esa variante de ataque, la única que exhibieron, se utilizó hasta aburrir (al público y al Bremen). En el primer tiempo sólo hubo una jugada que partió del medio, y esa fue la solitaria opción del Augsburgo de anotar, pero el poste se la negó. Por lo demás, el Bremen transitó desde su línea defensiva (para la que recuperar el balón que caía una y otra vez desde la distancia no fue problema) hasta el borde del área rival sin mayores contratiempos; ya en el área los defensas del Augsburgo encontraron (con uñas y dientes) como repeler el ataque. En la segunda parte el Augsburgo (obvio, perdía 1-0) abandonó su estrategia de “reventar” la pelota y la hizo circular con un poco más de orden, se vieron los escalones de su transito de defensa, a zona de volantes y la búsqueda para conectar con el delantero. Pero lo que aquí podría sonar a mejora sólo se convirtió en una revelación de imposibilidades: un lateral derecho (Reinhadt) que pese a sus constantes avances no es capaz de sacar un buen centro, ¡ni uno!; un lateral izquierdo (El Akchaoui) que ni siquiera se atrevió a desbordar; dos volantes ofensivos que le huían al balón (Baier, Ndjeng), y un arquero (Jentzsch) que en vez de buscar el despeje controlado por las bandas, o apoyándose en sus centrales (estos sí de gran calidad pese a dormirse en el segundo gol de Pizarro, Möhrle y de Roeck) seguía empeñado en botarla largo. Y así Bremen, agradecido, se clasificó a la Liga de Europa pues de no ocurrir nada anormal los finalistas de esta noche Schalke y Bayern obtendrán un cupo directo a la Champions League. El partido de esta noche entre los dos promete ser interesante, especialmente porque será un abrebocas de las duras semanas que les esperan a los dos en la lucha por el título de la Bundesliga, donde en unos días se verán de nuevo las caras, aún más en serio. |
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| 22.03.2010 |
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| La Bundesliga tuvo un fin de semana en el que las cosas pudieron ser diferente y no lo fueron: Bayern perdió en Francfort exhibiendo una arrogancia “usual” ante un equipo de “medio pelo” que trabajó por el triunfo y dejó al descubierto que la dominancia del club de Múnich está en retroceso (1-1 en Núremberg, un apretado 1-0 sobre el Hamburgo, un 1-1 en Colonia, un afortunado 2-1 contra el Friburgo, un 3-2 en Florencia y ahora el 2-1 en Fráncfort), lo cual hacía temer por el liderato. Pero el Leverkusen, que jugó más tarde y sabía que con un triunfo recuperaría el primer lugar, se cansó de desperdiciar opciones en el primer tiempo, en el segundo el Dortmund lo aplastó (3-0) y lo dejó donde estaba, aunque en peor forma, porque una oportunidad semejante no se va a repetir. El turno fue el domingo del Schalke, el equipo que Magath ha convertido en ganador y favorito; con una victoria (de la que estuvo cerca, muy cerca) en Hamburgo no sólo se pondría de líder, también se hubiera distanciado 2 puntos (valiosos pensando en que aún tiene por delante en el programa al Bayern y al Leverkusen) de sus rivales, pero al final el 2-2 lo dejó como el triunfador del fin de semana, pero con un botín menor al que se tenía a la vista. El lunes el tablero se presentó como la semana anterior: Bayern de primero, Schalke de segundo (a 1 punto de diferencia), Leverkusen tercero, ahora Dortmund es cuarto y Bremen quinto; Hamburgo se despidió de los puestos por competencias internacionales y abajo, en el sótano, tampoco se movió nada, y eso que el Berlín, como si nada, fue y le ganó en su patio al campeón de Alemania, al Wolfsburgo, un equipo candidato a ganar la Liga de Europa (ya está en cuartos de final), por 5-1, sí, ¡5-1! Pero resumamos la jornada de una manera distinta y veamos quién –con nombre y apellido- tiene la culpa de que las cosas sucedieran como sucedieron. Bien corto y sustancioso. David Alaba: Nadie duda de la calidad de este muchachito austriaco de apenas 17 años, lo que ha hecho hasta ahora, lo que ha mostrado en los pocos partidos que tiene a cuestas en el fútbol profesional, ha constatado que el futuro le pertenece, quizás no de lateral izquierdo, como se empeña van Gaal de predicar por la única razón de que le faltan recursos por esa banda (donde el que sí es lateral, el otro juvenil, Diego Contento, tiene que esperar pues a un fenómeno como Alaba hay que ponerlo), pero es suyo. De otro lado, esperar que en un abrir y cerrar de ojos el joven austriaco este maduro para aguantar la presión que ha asumido, es un cuento de hadas. Alaba –así van Gaal lo defienda con parcial razón diciendo que los peores errores se cometieron antes- entregó el primer gol al intentar regresar un balón (pese a que habría podido resolver de otra forma, por ejemplo enganchando hacia la banda externa, o corriendo con el balón al fondo) y en vez de hacerlo lo que consiguió fue un pase perfecto al delantero rival; en el segundo gol es peor, el balón cruzado que recibe Fenin (con todo el tiempo del mundo pues Alaba está muy lejos de él) lo controla, se gira (en ese momento llega Alaba), encara al lateral (Alaba) y con apenas dos movimientos de cadera (que ni siquiera tocó la pelota) engancha hacía adentro sin resistencia (de Alaba) y la mete. El Bayern arriesgó así el liderato. Lucas Barrios: el máximo halago a un delantero en la Bundesliga es la comparación con el legendario Gerd Müller, el goleador de goleadores en Alemania, “el tanque”, “el bombardero”; un reconocimiento aún mayor, el superlativo, es especular con lograr ser su heredero. El argentino Lucas Barrios ya había escuchado el halago, en voz baja, y ahora en voz alta todos se lo brindan, llegando a más, hablando de él como el más probable sucesor de un mito. ¿Por qué? Porque Barrios se inventa goles donde no los hay, porque desde las posiciones más increíbles saca el zapatazo que la anida en la red, porque donde menos se espera aparece en el momento justo y la mete. Él es una sensación que le dio la vuelta a un partido en el que hasta el momento de su primer gol todo señalaba que el Leverkusen podría reconquistar el liderato del campeonato, y selló la suerte con su segundo. Barrios le cerró el camino al primer puesto al Leverkusen, pero se lo abrió al Dortmund, que ahora es cuarto y puede sónar con un cupo en la Champions League y con el título alemán, pues el programa de los rivales los pone a luchar entre sí, algo que puede beneficiarlo. Tomás Rincón: Empecemos con el trasfondo, el partido está 2-1 a favor del Schalke, que en esos momentos es líder (transitorio) de la Bundesliga, el Hamburgo apura hacía delante, el Schalke aprovecha los espacios pues un gol más y la cosa está liquidada. Y el venezolano, en un “acto heroico” detiene de forma suicida el balón en la raya de meta, primero con el pie y luego, en el suelo como una foca, con la cabeza le regresa a su arquero. Dos anotaciones al margen, a) en principio corrigió (¡de qué forma!) su propio error, pues el habilitó a Edú que de otra forma hubiera estado en fuera de lugar al recibir la pelota; b) casi en la jugada siguiente el Hamburgo empató. Adrian Ramos: Gekas anotó 3 goles en el 5-1 de Berlín sobre el Wolfsburgo, pero la figura es el colombiano, pese a sólo haber sumado 2, pues él ya ajusta 9 en su cuenta personal (tantos como el goleador de la temporada pasada Grafite, como el súper talento Toni Kroos, o Ibisevic, la joya del Hoffenheim), un tercio de los conseguidos por todo el equipo (27) en la temporada. Súmele los pase gol ( 3) y dígame el resultado. A mí me da Ramos = Berlín tiene esperanzas de quedarse en la primera división. |
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| 19.03.2010 |
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| Inolvidable por su cantidad de goles, por el drama que la rodeo, por la intensidad de las emociones. La Liga de Europa no es la Champions League, es cierto; los equipos que compiten en la primera revelan falencias que la segunda castiga sin misericordia, como por ejemplo los espacios que regaló el Wolfsburgo cuando marchaba hacia delante y perdía el balón, esos huecos inmensos, producto de un lento cambio a la actitud defensiva, que al final se quedaron desaprovechados porque el rival ruso no es un equipo de Champions, sino de Liga de Europa, es decir, uno que no sabe qué hacer con tanto regalo, que apenas intuitivamente buscaba el arco, pero poder, lo que se dice poder transformar las prebendas en goles, no puede. Ayer hablaba de que hoy nos esperaban tres buenas noticias, al final sólo fueron dos: Hamburgo y Wolfsburgo están en cuartos de final de la Liga Europea, Bremen se quedó (justicieramente) por fuera. Todos sufrieron, todos tenían las mejores opciones de imponerse, incluso el esfuerzo que ello requería era una relativa pequeñez, pero todos se complicaron la vida. El Bremen por culpa de la coladera en la que David Villa convirtió a su línea posterior. Encajar cuatro goles en un mismo partido, en casa, en una competencia de este nivel es, formulado de una forma positiva, una locura; formulado ajustándose a la verdad, una vergüenza, que aumenta de tamaño cuando se toma en cuanta que tres de esos goles fueron anotados por el mismo hombre, al que a lo largo de 90 minutos no se encontró cómo controlar, lo que habría sido sencillo si le “pegan” un recuperador a las piernas, lo que se intentó y no dio resultados porque ninguno de los alemanes estaba “inspirado” para cumplir con su trabajo de contención. Para empeorar las cosas basta remitirse a lo que el Bremen hizo arriba: también cuatro goles. Ello indica que el partido se perdió atrás, porque cuando los delanteros (Almeida, Pizarro) y los volantes ofensivos (Marin) consiguen goles, los defensas y los medios tapón, tienen la obligación de evitar que el contrario cree posibilidades. Pero como el equipo alemán siempre corrió viendo la espalda del resultado adverso, uno no sabe si la eficiencia del ataque fue más bien producto de la desesperación, o de que el Valencia abrió espacios en su deseo de aprovechar los boquetes que el Bremen tenía en el fondo, aunque la respuesta es lógica y sencilla, ambas versiones son ciertas. Y así el Bremen se quedó por fuera (con cuatro goles anotados y aún más opciones desperdiciadas) y su regreso a la tribuna del fútbol internacional tendrá que esperar hasta el 2011/2012 (a menos que gane otra vez la Copa Alemana, su última opción). La historia del Hamburgo no difiere mucho, pero los del puerto clasificaron, y eso es lo que cuenta. También encajaron cuatro goles, también anotaron muchos (3), su rendimiento defensivo fue pobre, casi catastrófico (pero como ya están en cuartos entonces es sólo pobre), pero pudieron respaldarse en su contundencia. Y al Wolfsburgo, como ya mencioné, un 2-1 en el minuto 119 lo puso al otro lado, pero su transición de defensa a ataque fue un desastre. Los alemanes se volcaron hacia el arco contrario en busca del empate (los rusos estaban adelante 1-0) y encontraron a un rival bien parado, muy bien organizado, con muchos recursos para tan pronto se recuperaba el balón ir al frente con peligro, pero sin consecuencia. Kasan era como un león cuyo rugido hablaba de una furia incontenible, pero que cuando llegaba el momento de morder no tenía colmillos y tenía que contentarse –para fortuna del campeón de la Bundesliga- con mascar y mascar y mascar… 2 de 3, no es un mal balance, pero la duda sobre lo que se puede lograr en lo que viene está latente. P/S: En unos minutos se sortearán los rivales del Bayern en la Champions y del Hamburgo y el Wolfsburgo en la Liga de Europa. Actualizaciones vía twitter. |
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| 18.03.2010 |
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| Antes del primer partido entre Stuttgart y Barcelona, en octavos de final de la Champions League, escribí –lleno de esperanzas, que sabía eran infundadas- sobre el enfrentamiento entre David y Goliat, sobre la remota posibilidad de que una pedrada tumbara al gigante. El primer tiempo en Stuttgart hasta lució así, en el segundo el gigante se levantó, y aunque se mantuvo de rodillas (contentándose con un empate a 1), insinuó su talla. Lo ocurrido en Barcelona fue otra cosa, los alemanes se comportaron de acuerdo a su verdadera estatura (la de un enano desnutrido) y los catalanes también (un corpulento y enorme monstruo que deleita). Y así, Stuttgart tuvo en tierras españolas las mismas posibilidades de pasar a cuartos de final de la Champions que las que tiene un recién nacido de velar por sí mismo: ninguna. Si fuera un juego de cartas, hubiera sido enfrentar a un rival que siempre recibe los ases. Si se tratara de jugar a la lotería, sería cómo esperar ganarse el gordo sin querer comprar el billete. Fue como ver a la fea del barrio inscribiéndose al concurso de Miss Universo. Como querer hacer rodar un auto con llantas cuadradas. Lo mismo que vender helados en el polo norte, o esquís en el desierto. Nada diferente al creer con fe ciega en la honradez de la clase política. Qué más puedo decir… quizás ¡Grande Barcelona! (aunque no suene bien desde un blog de fútbol alemán, pero qué se le va a hacer, no soy ciego). P/S: Por lo menos esta noche esperan tres noticias positivas... 1- Hamburgo pasa a cuartos de final de la Liga de Europa. 2- Bremen pasa a cuartos de final de la Liga de Europa. 3- Wolfsburgo pasa a cuartos de final de la Liga de Europa. |
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| 15.03.2010 |
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| En la Bundesliga las cosas siguen como se veían venir: la lucha por el título se reduce a tres: Bayern, que volvió a ganar un partido en el que el rival se le cerró gracias a la calidad individual de Arjen Robben (su segundo triunfo personal de la semana); Schalke, donde Kevin Kuranyi sigue anotando; y Leverkusen, que tras su caída en Nuremberg (como ya lo presentía) reordenó todo su potencial y triunfó de forma brillante contra el Hamburgo con dos goles del (hoy) máximo artillero de la Bundesliga, Stefan Kießling. En la mitad de la tabla el Dortmund (2 goles de Barrios, que los celebró sacudiéndose del cuerpo la mala suerte pues llevaba varias jornadas sin anotar, ver resumen) dio un enorme salto hacía adelante (subió sólo una casilla pero aumentó y mantuvo la distancia ante el Hamburgo y el Bremen), y el Maguncia y el Bremen se acercaron a las posiciones que los ponen a soñar con los torneos internacionales. Pero donde la cosa está mejor es abajo, al fondo de la tabla, donde las victorias del Nuremberg y el Hannover, al igual que las derrotas del Berlín, Friburgo, Bochum, Colonia Moenchengladbach, se han encargado de poner a 7 equipos a moverse en un terreno peligroso, el del posible descenso. Y ese descenso tiene de candidato casi “elegido” al equipo de la capital alemana, la primera en Europa (y quizás el mundo) en quedarse sin fútbol de primera división de ocurrir aquello con lo que todos ya contamos. Súmele las sanciones que su estadio va a sufrir por los desordenes del sábado (los pueden ver debajo de este párrafo) y no es necesaria una bola de cristal para anticipar su futuro. Lo que acaban de ver no duró mucho, ni siquiera fueron 10 minutos, tampoco dejó heridos, y los daños pudieron haber sido peores, claro, la banca del Berlín fue demolida, pero la del visitante se respetó, y nadie le propinó ni un solo rasguño al auto (publicidad) detrás de la portería. Antes de expresar mis cavilaciones en torno a lo sucedido, debo recalcar que censuro cualquier tipo de violencia, que entiendo la preocupación que reina en la Bundesliga (pese a que esto en otros países, entre ellos los nuestros, son pequeñeces frente a las grandes revueltas, serias, mucho más serias) y que por supuesto defiendo el derecho de la mayoría de ir a fútbol sin tener que someterse a ser testigo de los brotes de violencia de una minoría. A los responsables de lo que pasó, que les caiga todo el peso de la ley, no faltaba más. De otro lado es también irresponsable de un club profesional equivocarse constantemente a lo largo de una temporada a costa de las alegrías y las esperanzas que de vez en cuando producen las victorias. ¿Pero 17 derrotas, apenas 15 puntos, y el fantasma del descenso rondando casi desde el inicio del campeonato? Todo ello también le borra cualquier amago de sonrisa al aficionado. Especialmente cuando este aficionado es el que va al estadio a apoyar al equipo con una fe colosal, mientras otros apenas acuden a las tribunas cuando el rival es de prestigio (Bayern, Bremen, Hamburgo), o cuando las cosas marchan bien, como aconteció hace un año cuando el Berlín fue hasta dos fechas antes del final del torneo un serio aspirante al título; en aquella ocasión el alcalde, los ministros, los empresarios, y otro sinnúmero de “casuales” aficionados, llenaron el monumental Estadio Olímpico. Otra cosa que hay que recordar, a diferencia de otros estadios como la Allianz Arena en Munich, donde el fútbol alcanzó un estatus similar al de la opera, donde el público dista muchísimo de representar “al pueblo” (con excepción de las tribunas sur y norte, y las graderías reservadas al visitante) y el perfil es más cercano (no es una crítica, pero es así) al del arribista de la clase media que desde su asiento tiene la sensación de mantener vivos los lazos con “los de abajo” mientras va “para arriba”, en Berlín las graderías todavía le pertenecen (mayoritariamente) a los más sencillos ciudadanos de una sociedad del primer mundo. La capital de Alemania podrá ser una de las grandes metrópolis del planeta, albergar al gobierno nacional, a lo mejor de la cultura internacional, una ciudad de esas que palpita vida, una de aquellas a las que uno sueña ir cuando se quiere “conquistar” el mundo (¿o se imagina uno eso yendo a, por decir algo, Ibagué, Aguascalientes, Puerto de la Cruz…?), pero Berlín es pobre, muy pobre, extremadamente pobre. La capital de Alemania está quebrada, y al borde de la miseria. Más de un cuarto de millón de personas desempleadas, casi la quinta parte de sus habitantes viven de los aportes de la seguridad social, 60.000 millones es su deuda pública. Y ahora los sábados y domingos de esta gente están amenazados: el fútbol profesional está a punto de perderse también. No basta que al habitante de Berlín su equipo no le regale alegrías, también se las va a quitar casi definitivamente pues con el descenso ya no vendrán ni el Bayern, ni el Bremen, ni el Schalke al Estadio Olímpico. La moneda tiene dos caras, y lo que de ninguna manera justifica, por lo menos explica. |
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| 12.03.2010 |
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| (Ampliación del tema del domingo) Theo Zwanziger, presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), se mantendrá en el puesto; la reunión de la organización el mediodía del viernes no lo va a tumbar pese a los graves problemas que afronta, por culpa de un desatinado manejo de diversos temas críticos, y la razón de su permanencia suena a broma: no hay quien lo reemplace. El único candidato que cuenta con todo el apoyo del fútbol alemán, Franz Beckenbauer, no tiene ganas; nadie encuentra a otro personaje de perfil que se le mida al cargo. Zwanziger se queda. Si sólo se mira lo bueno que ha hecho el presidente de la DFB, entonces la decisión es la correcta: un espectacular Mundial en el 2006, una excelente Eurocopa en el 2008, apoyo decidido (y cuyos frutos son títulos) a las divisiones inferiores, vinculó al fútbol en campañas en contra de la violencia en los estadios, respalda la lucha contra la extrema derecha, aboga por la integración cultural y racial en Alemania censurando cualquier acto de discriminación, es vocero de los derechos de los homosexuales y los discapacitados. Con él el fútbol alemán ganó en su dimensión social. Pero también hay que mirar lo malo, y eso, precisamente, es lo que ha marcado el último año de su presidencia, caracterizada por su fuerte personalidad: él esta por delante de la institución, y no al revés. Se cumplió el fenómeno de que el poder embriaga tanto que quienes lo tienen olvidan que no es suyo sino que radica en la institución que representan. Alemania volvió a ser sacudida por la mafia de las apuestas, una cadena internacional de delincuentes que operaba (opera) en su patio; un supuesto “pacto de caballeros” en el que con un apretón de manos el entrenador nacional Joachim Löw extendió su contrato, lo cual no era cierto; la filtración de documentos a la prensa (las exigencias contractuales de Löw y Bierhoff) y la entrega de un contrato no negociado al entrenador con un ultimátum para su firma, que deja a la selección (status quo actual) sin dirigencia una vez termine el Mundial de Sudáfrica; el crecimiento como espuma (que aún no para) del escándalo en torno a los árbitros y sus preferencias sexuales por culpa de su negativa de escuchar al acusado, al que en vez de otorgarle el derecho a la defensa entregó a la prensa sensacionalista (vía que el “acosador sexual” también escogió por no tener otra alternativa); y la que a mi más me compungió, la reestructuración del departamento de medios de la federación para poner fuera de juego a su jefe. Casi no hay día en el que no se reciba de la DFB un boletín que dice “así no fue”, “vamos a demandar”; ya son tantos que uno se pregunta ¿a qué hora se van a ocupar del fútbol si la agenda está repleta con citas en los juzgados”. Esa es la presidencia de Zwanziger. P/S: Hamburgo ganó, Bremen y Wolfsburgo empataron. Mi comentario se reduce a anunciar que los tres llegarán a cuartos de final de la Liga de Europa. P/S(2): Volvió Mario Baracus, perdón Paolo Guerrero, a Alemania, dice que está sano y listo para jugar, le va a pelear el puesto a van Nilsterooy. (????) |
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| 10.03.2010 |
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| Mi compadre Sergio, con quien en mis tiempos de universidad (escaso de dinero y abundante en tiempo) jugaba al dominó, decía “para ganar hay que perder”; él, después de perder, ya sabía cómo jugaban sus rivales y cuando lo entendía no paraba de ganar. Una filosofía que quizás es muy colombiana pues el entrenador que nos regaló los últimos dos Mundiales, Maturana, también acostumbraba sostener “perder es ganar un poco”. Ayer el Bayern perdió 3-2 contra el Florencia y sin embargó ganó un montón: pasó a cuartos de final de la Champions League, le entregó al mundo del fútbol una nueva estrella (en formación) de apenas 17 años –David Alaba-, constató que su defensa central van Buyten no es el tipo para la gran tribuna internacional, y verificó que su “estrategia alicate” (no importa cuanta resistencia ponga el contrario) da resultados. Miren la foto que ilustra este post pues de ella me voy a servir para explicar cómo funciona el Bayern, como un alicate, adelante dos tenazas de gran poderío cuyo movimiento sólo es posible con las “agarraderas” de atrás. Las tenazas son Ribéry y Robben, las agarraderas los laterales Lahm y (ayer) Alaba; si su movimiento es coordinado rompen lo que caiga en sus “garras”.Estudiemos los dos goles que le permitieron llegar al Bayern a los cuartos de final: Gol 1. Alaba le asegura la espalda por izquierda a Ribéry, el francés con el balón regatea una, dos veces, invita a 4 jugadores de Florencia a controlarlo, levanta la cabeza (ya había abierto el hueco en la mitad) y entrega el balón para que van Bommel ingresara por un callejón (qué callejón, ¡una autopista!) y con todo el espacio y tiempo del mundo colocara su disparo (que no fue fuerte) allí donde lo necesitaba el Bayern, en la red. Gol 2. Lahm le entrega el balón a Robben, mientras el holandés busca el interior de la cancha, el lateral se le cruza por delante -hacia afuera- generando un 2 contra 3 de la florentina. Dos persiguen a Robben, uno se tiene que quedar con Lahm en caso de que el holandés decida pasarle el balón; el que estaba con Lahm se queda sembrado, Robben continua su marcha hacia la cabecera del área, demasiado tarde se suman a la acción defensiva otros 3 italianos, ya el volante del Bayern tiene ángulo de tiro y coloca el balón en el ángulo superior derecho del arquero. Inalcanzable, un golazo. Esas dos jugadas que terminaron en los goles del Bayern se intentaron a lo largo del partido una y otra vez, claro, no siempre funcionan, no siempre terminan en la red, o en los pies del compañero, pero son la escencia de la “estrategia alicate” de los de Munich: buscar abrir el juego a los costados para que sus puntas (Ribéry y Lahm) arrastren la marca y encuentren posición de tiro o devuelvan –luego de mecer a la defensa rival- a un compañero con espacio. Ello funciona sólo cuando los laterales aseguran atrás y se ofrecen adelante. Entre Lahm y Robben ya funcionan las cosas; por el lado de Ribéry aún falta, primero porque el francés viene sin un ritmo constante de juego, segundo porque sus compañeros de formula han cambiado (Badstuber, Contento, Alaba). Ello hace aún más meritorio lo logrado por el juvenil Alaba, Ribéry casi no se sumó a la recuperación del balón, el debutante tuvo que hacer todo solo, y lo hizo bien; y hacia delante tenía que poner a Ribéry en situación de encarar, es decir, su entrega debía ser perfecta, y eso también se le dio. Que calidad la del austriaco. Pero volvamos al alicate, y encontremos el mayor problema del Bayern, la zona central en la parte posterior. Miren cuan amplia es esa parte del alicate (que técnicamente no es del alicate, sino el espacio entre las “agarraderas”) y entonces reflexionen sobre cuan importante es poder llenar ese vacío con jugadores de jerarquía. Y Badstuber no tiene jerarquía, pero puede tenerla y -más importante- cumple; su socio van Buyten ni puede ni cumple. Anoche fue el responsable de los tres goles del Florencia y su carencia de calidad (que en la Bundesliga puede esconder con gran arte y con un par de goles) estuvo a punto de costarle al Bayern los cuartos de final. Que es donde terminará la Champions League para Alemania… |
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| 08.03.2010 |
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| El pueblo habla y sus palabras se convierten en realidad porque están sustentadas en hechos. Claro, cuando el pueblo habla la perspectiva de los hechos se ajustan a sus palabras, y no las palabras a los hechos; la fecha del fin de semana de la Bundesliga documenta este fenómeno. Desglosemos lo que dice el pueblo: El Bayern, frecuentemente ayudado por la suerte, se mantiene en el primer lugar y sale campeón Los de Munich van a Colonia y esperan a un defensivo equipo local, que contrario a su análisis previo del partido marcha más decidido al ataque que contra el Leverkusen una semana atrás (0-0), y encaja un 1-0 que logra empatar en su única jugada digna de comentario. Resultado final 1-1 y el Bayern ve en peligro el liderato pues al siguiente día, el domingo, su rival enfrenta a un candidato al descenso, el Núremberg, cuyo goleador Bunjaku está suspendido. Todo pintaba como sí el Bayern fuera a perder el liderato, pero Leverkusen pierde 3-2, y el pueblo tiene razón. Lo que el pueblo no alcanza a ver, es que desde su furioso arranque después de la pausa invernal, la curva del Bayern es descendente; para ponerlo aún más claro, desde el angustioso 2-1 en casa frente al Florencia, en octavos de final de la Champions League, el equipo de Munich sufre más de lo que debería: 1-1 en Núremberg, apretado 1-0 contra el Hamburgo. Sí, el pueblo tiene razón, pero tan sencillas no son las cosas, veamos la siguiente… Leverkusen es el eterno segundón Con todo a su favor para recuperar el primer lugar el Leverkusen encaja ante el Núremberg su primera derrota del campeonato. Es inexplicable que un club que acumula un invicto de 24 fechas no sea primero. Que alguna vez se rompería, era lo lógico, pero que con semejante marca estuviera de segundo, y que ahora incluso esté de tercero, es algo que no le cabe en la cabeza a nadie. O tal vez sí, al pueblo, que ve en Leverkusen un equipo sin la madurez suficiente para ganar el campeonato –lo mismo de ayer, lo mismo de hoy- y en este caso la sabiduría popular vuelve a tener razón, a primera vista. Lo que no se aprecia es que el resbalón (que tenía que llegar) llegó en el mejor momento: al caído le quedan dos opciones: quedarse en el suelo o levantarse. El Leverkusen ya mordió el polvo, y su alternativa –la única que para ellos cuenta- es levantarse, con furia y ganas. Y de ser así, sus victimas deben ser precisamente aquellas a las que necesita vencer: primero el Hamburgo, luego el Dortmund, después el Schalke, una pausa para respirar contra el Francfort, y el remate contra el Bayern. Así se ve su calendario, y por ello fue bueno que lo peor pasara en Núremberg. Los dos primeros le garantizarán el cupo en la Champions League, el tercer lugar (mínimo), y los tres últimos el título alemán. El pueblo tiene razón hoy, pero se olvidó de darle un vistazo al programa del campeonato. Sigamos. Magath es un entrenador campeón El pueblo acude aquí a las estadísticas bien usadas, y a los milagros de los que ha sido testigo, los dos últimos en Wolfsburgo hace un año y en Schalke, que este lunes es segundo en la tabla a escasos dos puntos del Bayern. Lo que el pueblo olvida es lo que el mismo Magath, que sabe más de esto, advierte: “hay que esperar, todavía falta antes de poder pensar en títulos”. Él dice eso porque mira el programa del torneo (Stuttgart, Hamburgo, Leverkusen y Bayern son sus próximos rivales), y porque ve que su plantel depende muchísimo de los goles de Kuranyi, y de lo que hagan una camada de entusiastas muchachos (Zambrano, Höwedes, Matiz, Schmitz) a los que les falta la experiencia de haber sometido sus nervios a la dura prueba de la recta final de un campeonato que puede terminar para ellos con un trofeo, el de la Bundesliga. ¿Saben qué es lo mejor de todo lo que pasó en la fecha 25 de la Bundesliga? Que nos dejó a tres equipos claramente posicionados en la lucha por el campeonato, tres equipos que hoy están en igualdad de condiciones (en lo futbolístico) pues no hay un claro dominador, tres equipos que se verán las caras entre sí en las próximas 5 jornadas, y que además se las verán también con aquellos que les siguen los pasos (de lejos pero el programa puede acortar las distancias), Hamburgo, Dortmund, Bremen, Stuttgart y Francfort. Gracias fecha 25, revolcaste las cosas de tal forma que el fútbol alemán se mantendrá emocionante hasta el final. |
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| 07.03.2010 |
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| El fútbol germano nunca estuvo tan lleno de detalles de la vida privada de los árbitros como ahora; detalles que ya no son informaciones sino infidencias, cosas que no le competen al público pero que para su placer voyerístico y sensacionalistas no cesan de aparecer. El arbitraje alemán se arropa con una enorme duda, ya nadie sabe si el caso es singular o plural; si el el departamento de los silbatos fue (o es) una bolsa de contactos (singular o plural)entre homosexuales y/o bisexuales. El tenor de los diálogos, que en el momento de su origen eran intimos y ahora los conoce todo el mundo, es... juzguen ustedes: “tesorito” “para ti vestiré hoy los pantalones blancos para que mi tanga negra resalte” “por ti haría todo, por una mujer no movería ni un dedo” “¿Por qué tengo siempre tu imagen ante mis ojos? ¿Por qué tengo el sentimiento de que sin ti mi vida no tiene sentido? Yo lo sé, es porque te amo” “¿Piensas que podrás encontrar otro mejor? ¿Tengo que ser más delgado para gustarte? Te quiero”. Esos son mensajes por correo electrónico de un árbitro a su superior, o mejor explicado aún, del árbitro que acusó a su superior de acoso sexual. Y ese superior reconoce ser bisexual, y la cosa se pone tan fea porque presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), le dio un manejo a la equivocado a la situación (explicación a fondo esta semana). Aquí está, Theo Zwanziger, el mismo que no hace mucho le tendió la mano a los homosexuales en el fútbol para que "salieran del closet", y con su administración de la crisis en el arbitraje se encargó de cerrarle la puerta a cualquier tipo de apertura a la tolerancia. ![]() |
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| 04.03.2010 |
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| No es verdad esa máxima “El resultado lo dice todo”; en el caso del clásico intercontinental el resultado dice muy poco. Sí, Argentina ganó, y su triunfo no fue producto de la suerte; Sí, Alemania perdió, y su derrota no fue culpa del azar, más bien de la carencia de una respuesta a la pregunta ¿cuál es la estructura ideal del equipo? Por eso veamos quién ganó y quién perdió. Los entrenadores Ganó, indiscutiblemente, Maradona. Quienes quieren ver en él sólo el payaso, el exagerado rey del escándalo, como ocurre en Alemania, tendrán que corregir su perspectiva; el “Diego” quizás sea todo eso, pero anoche en Munich fue un entrenador de verdad, uno que imparte instrucciones en la línea, uno que anima a los suyos, uno concentrado y metido de lleno en el partido, uno que encontró el planteamiento ideal para enfrentar a un rival candidato al título en el Mundial. Perdió Löw, porque en la Allianz Arena no le funcionó nada de lo que propuso: el doble 6 con Ballack y Schweinsteiger que tendría que relevarse en los movimientos ofensivos se quedó plantado en el trabajo defensivo, y no por virtud de Argentina, que tampoco es que hubiera presionado para ganar los espacios en el medio, por el contrario los aprovechó porque los encontró gracias a la confusión entre los alemanes que no se atrevieron (por falta de confianza mutua, especialmente del lado de Ballack, y por exceso de respeto, de parte de Schweinsteiger)) a profundizar. El entrenador germano, además, optó por un único atacante (Klose) contra una muralla posterior argentina. Demasiado poco, un error, como lo fue también el aferrarse a los “viejos conocidos” (caso Podolski) en vez de arriesgar con lo que tenía en el banco (Marko Marin, Christian Gentner, Christian Träasch) o hacerlo más temprano (ingreso de Toni Kroos y Cacau) en vez de regalarles apenas 20 minutos. Él será el que le pondrá el pecho al temporal que se viene, ahora le toca ir con cuidado pues su posición está debilitada (la confianza hoy no la tiene, lo de la afición local es más una esperanza apegada a la tradición) y si en la convocatoria aparecen nombres que no convencen, o faltan algunos que sí, la polémica va a alcanzar dimensiones indeseables. Los jugadores Rene Adler: Protagonista de la más grande paradoja del partido, pues comete un error garrafal (que no es sólo suyo), recibe el gol y es el único con el puesto asegurado en el Mundial. Philipp Lahm: Ganó, no jugó su mejor partido, pero como acostumbra cumplió a gran nivel lo suyo, esta vez frente a alguien de su misma estatura (en cms y en lo futbolístico), Lionel Messi. Peer Mertesacker: En el gol es el que más mal se vio, pero por lo demás tiene razones para preparar sin reservas la maleta rumbo a Sudáfrica. Serdar Tasci: Perdió, de no ser por la rutina de su compañero se le hubiera complicado la vida en más de una vez; él hizo de Mertesacker un ganador, pues éste estaba donde –frecuentemente- Tasci debía estar. Jerome Boateng: Perdió, su concentración en el trabajo defensivo, pese a no ser exigido a fondo, pagó un precio muy alto, por su banda fue casi imposible generar acciones hacia delante, semejante regalo al contrario es preocupante. Thomas Müller: Ganó, por una simple razón, se mostró maduro y activo, lo que cambia el hecho de que no aportó nada al partido. Toni Kroos: Perdió. Como Müller ya estaba desaparecido del partido cuando lo reemplazó, el talentoso medio del Leverkusen llenó un “agujero negro” en el que nadie ni lo vio ni lo encontró. Michael Ballack: Ganó, porque confirmó que es él el motor de Alemania, lo cual tampoco sirvió de mucho. Bastian Schweinsteiger: Perdió. Si quiere ser el socio de Ballack tendrá que trabajar mucho; eso sí, de todas las opciones es la mejor, pero o entiende que con el capitán debe armonizar en esa función de relevo ataque-defensa-ataque, o pierde el puesto que tanto desea y le toca irse a donde ya no quiere, a la banda derecha. Sami Khedira: Perdió. En lo pocos minutos que estuvo demostró que su vocación es defensiva, y el entrenador quiere allí un volante dual, que recupere y arranque hacia delante. A Ballack tal vez le guste más jugar con él, para Alemania esa liberación del capitán sería un sacrificio innecesario. Lukas Podolski: Perdió. Pese a todo ganó, pues el entrenador, de forma increíble e inexplicable, se aferró a él sin reflexionar un minuto (60 segundos de análisis hubieran bastado para sacarlo del juego) sobre lo que el delantero transformado en media punta le dio al seleccionado, nada. Mesut Özil: Perdió. Ante un rival de peso, en un partido apretado en el que los espacios no se daban por si solos, el juvenil fue actor de reparto en vez de protagonista de la película. No hizo lo que se espera que haga, encontrar el camino que surta al ataque de balones. Miroslav Klose: Ganó. Es cierto, no generó ninguna acción de gol, ni llevó peligro al arco argentino, pero como trabaja este hombre por el resto de sus compañeros; digno de elogio. Mario Gómez: Perdió. Volvió a quedar en duda, sus movimientos son demasiado estáticos como para desequilibrar, confía demasiado en su fortaleza, y no hace uso de otros recursos, razón por la cual es tan fácil controlarlo una vez se le toma la medida. Cacau: Ganó. Será suplente seguro en el Mundial, y eso es justo. Allá donde Gómez se quedaba sembrado, allá se movía Cacau, ofreciéndose para recibir el balón, arrastrando la marca, buscando el ángulo de tiro, combinando en procura de que se abriera un callejón. No tiene la talla internacional de Klose, o del mismo Gómez, pero sí tiene más recursos, y eso, al final, le puede salvar la cara a Alemania. |
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| 03.03.2010 |
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| Berlín, 2006... |
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| 03.03.2010 |
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| Y aún no encuentra la formación ideal, como tampoco la encuentra la crítica ni la prensa; yo aún menos. Unos hablan de un 4-2-3-1 (Boateng-Mertesacker-Tasci-Lahm; Schweinsteiger-Ballack; Müller-Özil-Podolski; Gómez); otros de una alternativa con Khedira en vez de Schweinsteiger, y Schweinsteiger en vez de Müller. El 4-4-2 sigue vivo (con Klose y Gómez adelante), y la verdad nadie sabe que hacer con Müller, con Kroos, con Cacau, con Kießling… Yo les recomiendo leer el artículo en el especial sobre el clásico intercontinental que publicamos ayer, allí lo puse todo; las dudas se despejarán esta noche, y yo se las contaré. Un abrazo, y hasta mañana, con más de este partido que promete divertir. P/S: Yo quiero un mediocampo con Schweinsteiger-Ballack; Kroos-Özil-Podolski; adelante preferiría ver a Cacau y atrás en vez de Tasci espero que Löw convoque al central perfecto, a Matt Hummels. |
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| 02.03.2010 |
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![]() Hubo que verlo para creerlo. Lo que ustedes ven sobre la mesa, debajo de la mano derecha del entrenador alemán Joachim Löw, es un cigarro aún envuelto en su empaque original y un cenicero. Una broma de un hombre de fútbol hasta ahora poco conocido por su sentido del humor, una cachetada de ironía al entrenador rival, Diego Armando Maradona, que en la mañana del lunes se presentó al entrenamiento de sus arqueros fumándose un cigarro mientras se paseaba por la cancha, que le pertenece al 1860, cuyo entrenador odia el humo lleno de nicotina. Aquí pueden verlo, si aún no lo han logrado. El chiste de Löw dice más que sus palabras de elogio al gran futbolista Maradona. Del entrenador Maradona dijo poco; ¿un showman o un entrenador de verdad? le preguntaron al alemán refiriéndose al colega argentino, “ni idea, no he podido aún valorarlo” contestó Löw. El capitán Michael Ballack fue aún más profundo: “lo del cigarro es inusual, nunca he visto algo así en toda mi carrera” dijo, y su gesto no reflejó respeto sino diversión, como si estuviera hablando de un perro con piel de cuadros. Maradona ya hizo lo suyo en Munich, sin necesidad de insultar a nadie, sin necesidad de enfrentar sus deudas fiscales, nada de problemas de alcohol, drogas o sobrepeso. Pero con la del cigarro ya le entregó al público alemán su cuota de escándalo. |
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| 02.03.2010 |
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| Que Maradona, Messi, Teyez y compañía están de visita, es algo que no pasa desapercibido: en el centro de Munich, en los alrededores del hotel Mandarín Oriental, policía de civil y en uniforme, el ingreso a la recepción de su albergue una tortura que hace de cualquier portero un importante hombre de seguridad. Quien quiera pasar al interior del hotel debe mostrar mucha, mucha paciencia (que yo no tengo), pues desde el botones, hasta la recepcionista, incluso una mucama venida a más, detienen al visitante cada dos pasos (uno y medio para ser más exactos) para preguntar por la acreditación con el formal pero poco amistoso “qué necesita”, “¿tiene la acreditación?”. Desesperante. Ni que hablar de la observación del entrenamiento; en la mañana Maradona estuvo con sus porteros y un grueso cigarro en la boca, practicando casi en secreto, con apenas 20 curiosos mirando sus movimientos. Tan familiar fue la cosa que Diego tuvo tiempo para darle una visita a la tienda del 1860 Munich, mirar los uniformes, los souvenirs, informarse de los precios, y al final no comprar ninguno. En la noche la cosa fue diferente, cientos de periodistas, miles de aficionados, y ninguna posibilidad de establecer contacto. ¿Quieren ver que tanto vi? Aquí están las fotos. Primero nos impidieron el paso… ![]() Luego la valla nos impedía la visibilidad… ![]() Después, allí donde podíamos ver mejor, los jugadores argentinos nunca llegaron… ![]() Al primo de Messi, Emmanuel Biancucci, quien juega para el 1860 Munich, que era anfitrión del entrenamiento argentino, tampoco lo dejaron pasar a saludar; muy educado y paciente se quedó esperando afuera, con su novia, y al final tuvo que desistir de cualquier oportunidad de estar con sus compatriotas (y su familia), pero por lo menos él sabía que en la noche pasaría un par de horas en la habitación de Leo. Yo, en cambio, emprendí el camino rumbo a la rueda de prensa con Maradona en el hotel, todo un martirio (Diego no tiene la culpa) pues (ya lo conté) los empleados adquirieron así, de repente, un ascenso a oficiales de la CIA, de esos que están en Guantánamo y con su cíclica repetición de la misma pregunta pretender amilanar a su victima: “qué necesita”, “¿tiene la acreditación?”. Entre las 27 personas que en un recorrido de apenas 50 metros me interrogaron estaban –con seguridad- la aseadora, el cocinero y el mensajero del hotel,; también –esa idea no me la quita nadie de la cabeza- la amante del conserje disfraza para la ocasión con un uniforme hotelero. Ya por fin entre los míos, entre los periodistas, tuve (tuvimos) que escuchar como el traductor explicaba a los asistentes el funcionamiento de una conferencia de prensa. ¡El traductor explicándoles a los periodistas cómo funciona una conferencia de prensa! ¿Increíble? A primera vista sí, pero más adelante veremos que no, y la razón son los colegas argentinos. El mismo traductor se negó a retirar una botella de Coca Cola cuyos reflejos dificultaban las tomas de los camarógrafos, argumentando: “se tiene que ver”. Claro, es patrocinador… Cuando por fin llegó Maradona, 57 minutos más tarde de lo planeado, respetuosamente se disculpó ante la prensa, y la verdad dejó como persona una gran impresión ante los medios alemanes, acostumbrados a leer de sus escándalos y furias mientras ahora, frente a ellos, tenían una gran estrella, que con humildad y formalidad, lamentaba su retraso. ![]() Lo que contó fue bonito, carente de plan pero bonito. “Yo quiero darle a Argentina nuevos héroes, que la gente ya no viva de los triunfos del 78 y el 86, que se deje de hablar de una vez por todas del gol de Kempes y de la Mano de Dios, que después de 24 años Messi, Mascherano, Tevez y todo el grupo escriba una nueva historia, una de éxitos”, dijo. ¿Le preocupan las críticas? “Para nada, para los periodistas vamos a ser los últimos en Sudáfrica, y eso en vez de debilitarnos nos da fortaleza. Además, el pueblo está con nosotros, a donde quiera que vamos la gente nos hace sentir que nos quiere”. ¿Y su filosofía? “La de Menotti en el 78, la de Bilardo en el 86”. No es claro, no tiene quizás ninguna, pero definitivo es que quiere ganar el Mundial. Y cuando yo le pregunte sobre la importancia del resultado en Munich contra Alemania me dijo “Ambos queremos ganar, va a ser un gran partido, para ambos están muchas cosas en juego, los muchachos están motivados porque saben que de lo que hagan dependerá si están definitivamente o no en la lista de los que van al Mundial”. ¿Una revancha de lo ocurrido en el 2006 en Berlín? “Que va, eso es pasado”. Así también piensa Demichelis. Yo formulé dos preguntas, porque en el transcurso de la rueda de prensa entendí las explicaciones previas de traductor, dirigidas en especial a los argentinos (los únicos que pudieron preguntar pues el jefe de prensa de la AFA no le dio la palabra a los alemanes, bueno, sí, a mi, a un colega de la radio, y a mi colega de televisión de la DW, la solitaria pregunta en el idioma local) que una vez reciben el micrófono no lo sueltan: una, dos, tres, cuatro, cinco… Pero el récord se lo llevó este señor de FOX (que parece ser muy famoso por las latitudes australes) que formuló 7 preguntas e hizo de la rueda de prensa su entrevista particular… ![]() Maradona se despidió con palabras de elogio para Ballack y (quien lo creyera) Podolski, para las virtudes del fútbol alemán (su garra, su negación a dar las cosas por perdidas) y advirtió que las debilidades del anfitrión las dejará al descubierto el miércoles. ![]() P.S/ Más tarde veremos aquí lo que la selección alemana planteará, y los problemas de lujo que tiene en el medio campo, donde la formación no está aún definida. Un abrazo. |
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| 01.03.2010 |
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| Quedó poco tiempo para celebrar (o para llorar); el Bayern triunfó sobre el Hamburgo con un apretado (pero no injusto) 1-0 y el Leverkusen “cayó” con un (injusto) empate 0-0 sobre el Colonia, que no hizo nada por acercarse a la portería de Rene Adler. Ya el Leverkusen no es líder, mientras el Bayern reconquista esa posición después de una larga espera que duró 652 días, preciso en la fecha de celebración del aniversario 110 del club. No podía ser mejor; además con gol de Ribéry, a quien (al igual que Robben) el Hamburgo había logrado mantener bajo control gracias a que lo (los) escalonó con dos y hasta tres hombres. Las estadísticas, que a veces dicen muchas cosas que el ojo ve pero no abarca en su totalidad (o significado), cuentan que en Munich el hombre que más contacto tuvo con el balón fue un jugador defensivo, el argentino Martín Demichelis. En Leverkusen fue otro latinoamericano el que encabezó esa lista, el arquero colombiano del Colonia Faryd Mondragón. El Leverkusen ahora persigue, en vez de ser perseguido, y eso pesa. Y el Schalke, que superó a su archirival Dortmund, ahora esta más cerca, y con ello va asegurando su cupo a la Champions League, que es prioridad número 1, el título sería apenas el bomboncito extra. Así queda la realidad de la Bundesliga, que le cede espacio (también aquí) a la selección alemana que enfrenta a Argentina; un duelo de potencias continentales. Y para empezar con el tema un par de pildoritas: - El brasilero nacionalizado alemán del Stuttgart, Cacau, es el gran ganador de la semana: 7 goles en 3 partidos han convencido al entrenador nacional Joachim Löw –definitivamente- de llevarlo al Mundial. - La discusión en torno a quién será el portero titular de Alemania en el Mundial se acabó, hoy el cuerpo técnico del seleccionado anunció que Rene Adler, del Leverkusen, es el número 1. - Argentina entrenará en las instalaciones del 1860 Munich, el rival local del Bayern, por tres razones poderosas: a) el primer lugar que se les ofreció no llenó las expectativas de Maradona; b) el segundo, las sede deportiva del Bayern, le pareció a los argentinos “demasiado cercanas” a los afectos de los alemanes pues 5 de sus jugadores son integrantes de la selecció; c) en el 1860 juega el primo de Lionel Messi. - Martín Demichelis hizo una apuesta con sus compañeros del Bayern, en especial con Mario Gómez. el perdedor invita a comer, el ganador escoge el restaurante. - Los alrededores del hotel donde se hospeda Argentina, en pleno centro de Munich, se han convertido en un fortín; los dispositivos de seguridad son tan estrictos que determinadas zonas sólo se alcanzan con una acreditación especial. Y yo, para fortuna suya, tengo una, y por eso en breve fotos y más informaciones secretas desde el interior de este partido amistoso que es algo más que sólo un “amistoso”. |
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Miren la foto que ilustra este post pues de ella me voy a servir para explicar cómo funciona el Bayern, como un alicate, adelante dos tenazas de gran poderío cuyo movimiento sólo es posible con las “agarraderas” de atrás. Las tenazas son Ribéry y Robben, las agarraderas los laterales Lahm y (ayer) Alaba; si su movimiento es coordinado rompen lo que caiga en sus “garras”.









