La despedida de Dutt
Que el entrenador de Leverkusen no iba a lograr una segunda temporada con el club, era algo que se venía venir hace mucho tiempo; pero que a Robin Dutt fuera el propio equipo el que le mostrara la puerta de salida, forzando con su rendimiento su despido (algo que no es nuevo en la Bundesliga) sí constituyó una novedad.
La verdad, cuando a uno le toca presenciar una despedida tan emotiva como la de Dutt, quien procuró mantener el orgullo y la dignidad hasta el último minuto, uno queda “tocado” y lleno de interrogantes sobre el aspecto humano del fútbol.
No pretenderé defender aquí a un entrenador que en casi 4/5 de la temporada no logró imponer una filosofía de juego, ni una identidad futbolística propia; mucho menos justificar lo injustificable en cuanto al manejo del grupo de jugadores, o explicar la frecuente mezcla de “arrogancia intelectual” con el que Dutt pretendió impregnar su periodo en Leverkusen.
Es cierto, un equipo que terminó subcampeón el torneo anterior, que no sufrió mayores perdidas (sólo se marchó el chileno Arturo Vidal) en la plantilla, y se reforzó con uno de los más prometedores jugadores del fútbol alemán (André Schurrle), debe aspirar a por lo menos mantener su posición y pelear por el título o por mantenerse entre los mejores de la Bundesliga.
Eso no se logró. Y los defensores del entrenador siempre argumentaron mala suerte, porque las lesiones fueron demasiadas: Barnetta, Renato Augusto, Bender… Yo no fui (ni soy) tan amigo de aceptar esta excusa, porque el plantel del Leverkusen tiene suficientes jugadores de calidad, y en las divisiones inferiores hay suficientes futbolistas de talento que se pueden promover.
En lo que sí coincidimos todos aquellos que hemos seguido con frecuencia al Leverkusen, es que en ningún momento de la temporada se pudo apreciar un esbozo de idea futbolística. El concepto del que tanto habló Dutt, siempre dándose un aura de “académico” del deporte, no se vio en la cancha.
Algunos ejemplos: unas veces Castro era lateral derecho, otras volante de recuperación, otras ofensivos; Ballck y Rolfes “no van a jugar nunca juntos” dijo Dutt, y luego los puso en pareja, otras veces los separó, e incluso llegó a acelerar el desmonte del ex capitán de la selección alemana, con sus experimentos tácticos sin fundamento, que adelante tampoco encontraban sustento con Kießling dentro, y luego fuera, Derdyikov sin regularidad, etc.
Y lo peor fue esa actitud del entrenador de considerarse durante largo tiempo como el “único” que entiende lo que se debe hacer, sosteniendo (con palabras y hechos), que los demás no “comprendían”.
Hasta aquí, Dutt.
A partir de aquí, lo hecho por el equipo y la afición.
Lo de los jugadores en contra de Dutt (quien les defendió en su despedida) fue tan evidente que causó vergüenza ajena. Contra Augsburgo este fin de semana, fue el mejor ejemplo: se va perdiendo 0-2 y algunos, en vez de preocuparse por cumplir con su tarea, prefirieron la jugada más difícil a la más fácil, optaron por reventar el balón en vez de darle estructura al partido, le negaron el balón a aquel par interesados en armar algo coherente, o frenaron sus carreras sin haberlas iniciado, dejando al rival lucir como una potencia del fútbol, que por un momento se convirtió en Barcelona gracias al respaldo para crecer del enemigo.
Y la afición, viendo lo que pasaba en la cancha, optó por la muy hiriente ironía. Un insulto hubiera causado menos daño que los aplausos que desde la tribuna acompañaron a un equipo que no los merecía, y precisamente por eso los recibía. O los cánticos celebrando el nombre de Dutt como un triunfador, para remarcar aún más su fracaso.
El entrenador saliente del Leverkusen dio la cara, asumió sus responsabilidades, disculpó en incluso explicó al público que lo hirió, y para el equipo que con su actitud provocó su despido sólo tuvo palabras protectores y de defensa.
Este Dutt no hizo muchas cosas bien en Leverkusen, pero su partida estuvo llena de tanta dignidad y gallardía que se constituyó en un bofetón a aquellos que lo pusieron de patitas en la calle.
1 comentario








William | Abril 4, 2012 | 1:12 am
Debieron haberlo despedido antes!!!!! Este señor Dutt heredo de Judd Heykens un equipo armado y engrasado para hacer mucho y lo transformo en un equipo mediocre y en el hazme reir de los equipos Alemanes en torneos Internacionales donde salio dando lastima!… Que se vaya con su “Arrogancia Intelectual” a dar Clases de Filosofia a una Universidad de Cuarta por que el Leverkusen le quedo grande!