La crisis del Bayern
No se le puede llamar de otra forma, es una crisis, y peor aún, una casi inexplicable pues se sabe cómo es, pero no se entiende el por qué. el ambiente en el Bayern Múnich, a un día de su gran partido de Champions League contra el Basilea, esta caldeado y lleno de un lógico pesimismo; aquí les cuento qué es lo que no funciona, y lo más importante, el por qué no funciona.
Lo primero que resulta sorprendente de la crisis del Bayern, es que aquel a quien por encima de todos los otros debe ser llamado a cuentas, el entrenador Jupp Heynckes, recibe protección prioritaria; las directivas consideran que a él no le cabe ninguna responsabilidad en lo que está sucediendo, y lo apartan del problema, que –consecuencia lógica- le queda sólo a los jugadores.
Yo sigo respetando el excelente trabajo de Heynckes (y sí, soy conciente, estoy calificándolo de excelente porque así lo considero, pese a lo que diré a continuación) pero lavarle las manos de cualquier culpa, y eximirlo de errores, es exagerado, pues ni tiene las manos limpias, así como tampoco ha hecho todo correctamente.
Hace una semana Guardiola, el entrenador de Barcelona, dijo con mucha sabiduría previo al partido de Champions League en Leverkusen “mi único poder está en hacer la formación, en decidir quien juega y quien no. Lo demás se me escapa de las manos, en la cancha el poder es de los jugadores”.
Heynckes prácticamente no ha hecho uso de ese poder, en limitadas situaciones ha acudido a él para dejar a Arjen Robben en el banquillo abriendo paso a Thomas Müller. El resto es un sistema de rotación que ya todos conocen: unas veces juega Boateng de lateral y Rafinha es suplente, otras Boateng es central, y el brasileño titular; unas veces Luis Gustavo inicia, otras Tymo. Las otras variaciones del entrenador son más el resultado de la emergencia (la lesión de Bastian Schweinsteiger) que o bien le obligan a llenar el vacío en el medio defensivo del equipo con Toni Kroos, o con David Alaba si se nota la necesidad del primero como enganche de ataque.
El Bayern tiene un problema de variabilidad y flexibilidad, y disculpen la comparación odiosa, especialmente porque el calibre de los dos equipos es incomparable, pero el Mainz de Tuchel tiene más alternativas tácticas que el club de Múnich.
El entrenador no hace cambios para fomentar un concepto futbolístico que adapte su idea del juego a la situación particular del rival, algo que el Dortmund y el Gladbach (incluso con los mismos jugadores cada vez) practican con éxito. No, el Bayern –a diferencia de los dos equipos mencionados, que son primero y segundo de la Bundesliga- juega siempre a lo mismo; las modificaciones de personal no implican variantes.
Eso le facilita a cualquier contrario, incluso a aquellos que como el Freiburg poco o nada tienen para enfrentarse a un rival de la talla del Bayern, lograr el objetivo mínimo de no perder. El equipo de Múnich es de muy fácil lectura, y todo aquel que sabe qué le espera puede –con muy poco- evitar daños mayores.
La excusa de siempre, esa de que “contra el Bayern todos los rivales están motivados y se esfuerzan el doble y hasta el triple”, ya no sirve, porque contra un Bayern que siempre juega a lo mismo no es reto hacer exactamente aquello que hacen los que logran robarle puntos.
Como en la peor época de Louis van Gaal, el Bayern, bajo Heynckes, se ha transformado en un equipo demasiado esquemático; aquello que en la primera vuelta del torneo alemán le sirvió para dominar, no alcanza para respaldar lo ya obtenido. Lo que hace el rival para frenar a los de Múnich ya lo explicamos, pero eso se ve agravado por la actitud de los jugadores bávaros.
En el Bayern todos se han creído la fábula que el 40 por ciento del rendimiento es suficiente para doblegar a contrarios que se exigen al 150 por ciento. La auto-convicción se tornó en arma de doble filo, pues en vez de generar confianza termina asesinando la motivación.
Es acertado, desde un ángulo muy particular, el trasladar la culpa de la crisis a los jugadores (a quienes les compete, sin duda, pero de otro lado, ¿qué deben hacer sí nadie cambia el rumbo?, claro, pues eso, creer que está bien todo y dormirse en los laureles) como hacen las directivas protegiendo al entrenador.
Pero ni el entrenador (ya lo vimos) está libre de culpa, ni las directivas pueden proclamar ser inocentes. La testarudez de no realizar ningún fichaje en la pausa invernal (para la actual temporada) contagia una suficiencia negativa, se cree –seriamente- que no hay nada ni por corregir, ni por mejorar, y ello conlleva a caer en la errónea idea de estar cerca de la perfección, o no muy lejos de ella. Qué irreal.
Mucho se critica en Wolfsburg la política de Magath de comprar sin mesura, para repartir una nueva baraja de jugadores cada periodo de fichajes. Claro, esa no es la fórmula, por exagerada; pero una que otra adquisición, de calibre, para por mínimo generar un nuevo clima en la cabina, para pellizcar sectores del equipo de tal forma que despierten, tampoco haría mal.
Eso exactamente se necesitó y no se hizo, por eso la arrogancia de la directiva es uno de los tres factores que desatan la crisis del Bayern, los otros dos, para resumirlos, son la satisfacción con poco de parte de los jugadores, y la debilidad del entrenador Heynckes a la hora de meterle mano al equipo para generar alternativas y variantes futbolísticas.
3 comentarios








Raj | Febrero 21, 2012 | 7:22 pm
No exageres. Todavia es muy temprano para hablar de crisis.
Jorge Andrés Páez | Febrero 21, 2012 | 10:50 pm
Honestamente no veo ninguna crisis, muy exagerado a mi modo de ver, el Bayern esta sufriendo porque no encuentra un manejador como Schweinsteiger que desde el centro del campo le de ideas, pero crisis?
Héctor | Febrero 22, 2012 | 12:10 am
¿Y a quien iba a comprar el Bayern? Un texto bien escrito para salir con que la solución era comprar jugadores.