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Uruguay ostenta el segundo puesto dentro de los países con más alto nivel de vida en Latinoamérica, superado sólo por Costa Rica; eso, por lo menos, es lo que divulga la televisión local. Algo difícil de creer en las calles de Montevideo, donde el tiempo parece haber dado un salto y haberse quedado estancado en el siglo XIX, o en los años 20, 30, 40, quizás, juzgando por la música que se escucha en las calles saliendo de los bares, en los 80.

Alguien nos explica que en un país pequeño de tres millones de habitantes no hay ni los medios, ni la necesidad, para mantenerse al paso del progreso; eso hace a los uruguayos muy simpáticos. Un auto no es bueno por ser nuevo y brillar, sino porque desde hace muchas décadas conduce y con el paso de los años ha obtenido un carácter particular; las partes importantes son constantemente remplazadas, las que no son tan importantes se arreglan con alambre, o simplemente se desechan.

A la orilla de la carretera vemos una imagen que nos pone curiosos: una camioneta Opel de los años 50 rodeada por una pirámide de fotocopiadoras dañadas. Su propietario, un hombrecito con el torso desnudo y tan pocos dientes como cabello, dirige a un grupo de jóvenes que descargan, de otra camioneta Opel, más fotocopiadoras que amontonan en la pirámide; aquí no hay ninguna crisis de Opel. El auto de carga es del año 56, una joya cuyas piezas más importantes se sostienen amarradas con alambre, en los alrededores no se encuentra un mejor coche, dice orgulloso el hombrecito con un brillo empresarial en sus ojos; antes del Opel él manejaba una carreta tirada por un caballo que hoy está retirado y aún vive en las cobertizos cerca a las montañas de basura.

En Montevideo vale la pena reciclar, sostiene el desdentado comerciante de deshechos, uno no se volverá rico pero tampoco se morirá de hambre. Él nos lleva con gran sigilo detrás de la pirámide, a donde no sus jóvenes ayudantes no nos vean ni nos escuchen: esto es una mina de oro, dice señalando las fotocopiadoras. De las entrañas del aparato extrae una platina cuyas clavijas están bañadas en oro, un par de miligramos por cada aparato, pero la cantidad hace la diferencia: ciertamente el tipo esta sentado en una mina de oro. |
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