10.11.2009  
     
 
La Ilusión de Dona Marta
 
  Hemos llegado a la última estación de nuestro viaje: Río de Janeiro. La ciudad más vital e intensa que conozco en Latinoamérica. La intensidad de Río reside en que en esta ciudad la extrema armonía y el extremo caos conviven. La situación geográfica privilegiada en que se encuentra ubicada Río, entre morros verdes de conformación escultórica y hermosas bahías junto al mar, la hacen una ciudad de una belleza deslumbrante. Todos los sentidos, la vista, el tacto, el olfato parecen despertar. Esta ciudad provoca fascinación por el sólo hecho de contemplarla y al mismo tiempo despierta una especie de latente temor al saberla insegura e impredecible.




En Río, además de las famosas playas de Copacabana e Ipanema, conocidas a nivel internacional, existen cientos de favelas, alrededor de 600, que representan otra realidad, otro Río. Una especie de mundo prohibido e impenetrable, que conocemos por películas, el mundo de las favelas dominado por el narcotráfico y la violencia. Una realidad que arrastra Río hace mucho tiempo, un círculo vicioso que no ha logrado vencer. En los últimos años del gobierno de Lula, se han hecho un esfuerzo y una inversión enorme en las favelas de Río con la intención de revertir esta situación. Entre estas muchas favelas ha sido escogida una, como ejemplo para lo que se podría llegar a lograr en el desarrollo de éstas: la favela Dona Marta, hoy un referente emblemático para la ciudad.

En Dona Marta, gracias a una fuerte inversión en infraestructura y apoyo social, se está logrando regularizar tanto su situación urbana, como los servicios públicos, se están renovando viviendas, se ha instalado un funicular, los jóvenes tienen acceso a W-lan, para nombrar algunos de los cambios. Pero lo fundamental, es que en Dona Marta el narcotráfico ha sido erradicado y se ha establecido una policía pacificadora, para mantenerla libre de éste. Sus habitantes pueden convivir en paz, y nosotros hemos podido visitar Dona Marta, ha dejado de ser un lugar prohibido.




Hoy recorremos las callejuelas de Dona Marta, subiendo y bajando empinadas escaleras, al principio algo temerosos, pero el saludo y las miradas sonrientes de sus habitantes nos hacen entrar en confianza. El calor intenso, una temperatura de casi 40 grados, nos cansa y a la vez nos relaja, el sudor no deja de empapar nuestros cuerpos. Nos preguntamos cómo pueden ancianos, niños, enfermos, madres con sus bebes subir estas escaleras todos los días para llegar a sus casas. Dona Marta es la primera, de las favelas de los morros de Río, en recibir un funicular. Seguimos subiendo, agotados, pero a la vez fascinados: frente a nosotros va apareciendo un mundo. Sentimos que entraramos a las entrañas de la Favela. Sus callejuelas nos recuerdan las de las medinas de las ciudades de Oriente. Por momentos las callejuelas se vuelven angostas y oscuras, distintos, pequeños negocios funcionan a lo largo de ellas. Es un lugar que ha crecido espontáneamente a través de la autoconstrucción de sus habitantes, sin planificación alguna. Por esta razón tiene ciertas falencias, pero a la vez la arquitectura de la favela es orgánica, libre, muy creativa. Al doblar en cada esquina surge alguna construcción que nos sorprende, hay mil recovecos. Los lugares públicos, que van resultando entre las casas, sirven de espacios públicos y son ocupados por grupos, ya sea de jóvenes, de madres con niños, de hombres mayores jugando a las damas. En un mirador tocan tambores, en un espacio que ha quedado libre juegan fútbol. Por todas partes circulan sus habitantes, personas se asoman por las ventanas, las puertas abiertas dejan ver el interior de las casas, niños se bañan frente a ellas, pareciera no existir la privacidad y que toda la favela fuera un lugar comunitario para poder compartir. Sus habitantes, en su mayoría de origen africano, son amables y cordiales con nosotros los “brancos” curiosos. Nos abren sus puertas, nos dan su tiempo.




Aún se escuchan, a pesar de los cambios, muchas quejas, se ve mucha pobreza en Dona Marta, y se percibe, irremediablemente, la misma injusticia de siempre de este continente. Aún las carencias son muchas. Pero los avances de los últimos años son evidentes e indiscutibles. Para sus habitantes un gran paso hacia delante, para nosotros, este día que hemos pasado hasta el anochecer en Dona Marta, ha significado un viaje a otro mundo, especialmente a otra manera de vivir y convivir en la ciudad. Ha sido un gran privilegio. Gracias Dona Marta. Nos vamos llenos de imágenes, impresiones, preguntándonos si los logros permanecerán, si Dona Marta representa el futuro, si Río logrará recuperar otras favelas del dominio del narcotráfico. ¿Otras 599? ¿Cuánta energía se necesitaría, cuánto dinero, cuánto tiempo? ¿Es una ilusión?




De lo que sí estamos seguros, es que Dona Marta y sus puertas abiertas no son una ilusión, son la prueba viva, que sería un enorme enriquecimiento para esta ya maravillosa ciudad poder incluír el mundo de las favelas y recuperarlas para todos sus habitantes y sus visitantes.
 
 
 
Paula Rodriguez 10.11.2009, 21:43 # 5 comentarios